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TÉCNICAS MÁS COMUNES
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En este apartado podemos hablar de dos técnicas básicas:
La primera y más intuitiva, sería la de imprimar un color base, para posteriormente aclarar ese color,
obteniendo las “luces”, y oscurecer el mismo, para conseguir las “sombras”. Con este método deberemos
realizar la mezcla en un recipiente, distinto de la cazoleta del aerógrafo, e ir separando cantidades
del mismo para realizar luces y sombras sucesivamente.
Preparación de la Mezcla Base
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La segunda técnica (más novedosa y rápida), sería la de partir de un color claro (coincidente con la máxima luz) e ir aplicando ese
mismo color sucesivamente oscurecido para, mediante saturación de color, ir obteniendo las sombras. También podría ser aplicada a la
inversa, partiendo de un color oscuro y aclarar este sucesivamente, para obtener las luces. Con este método, la mezcla se puede realizar en el
propio aerógrafo.
Un truco para obtener fácilmente esas zonas de sombra, es dirigir el chorro de pintura desde la parte baja de la figura o pieza
que queramos pintar, la pintura se irá depositando en las partes oscuras de manera natural, “señalándonos” las arrugas y oquedades que
deberán ser tratadas con más esmero en las sucesivas pasadas. De igual forma, si la “nube” del aerógrafo es dirigida a la figura, desde la
parte superior, las zonas marcadas, serán en esta ocasión, las arrugas cenitales de máxima luz.
Nos centraremos en esta segunda técnica, para lo cual realizaremos un sencillo caso práctico.
Sobre un folio, marcamos un cuadrado, el cual delimitaremos con cinta de enmascarar. A continuación,
aerografiamos sobre el mismo, una sola capa de un color cualquiera. Si rociamos de nuevo todo el cuadrado,
excepto una franja imaginaria en la parte superior del mismo; comprobaremos que la parte inferior ha adquirido
un color más oscuro, sin cambiar de mezcla o color. Si volvemos a repetir el proceso de forma análoga, la
parte inferior se irá “saturando” y oscureciendo con las sucesivas capas. Si oscurecemos la mezcla con
otro color, las últimas rociadas conseguirán un contraste aún mayor. Cuando retiremos las cintas que delimitan
el cuadrado, comprobaremos que hemos conseguido sobre una superficie delimitada, una degradación perfecta de
luces a sombras, partiendo de un color base inicial (que será la máxima luz) hasta una sombra obtenida por
superposición de capas, del mismo color y de este oscurecido.
Ejemplo de degradado por saturación de color
Ejemplo de degradado por saturación de color
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TÉCNICAS ESPECIALES
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El aerógrafo también puede ser empleado para conseguir determinados acabados, como materiales oxidados o
herrumbrosos, telas bastas, punteados, etc…
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Superficies Herrumbrosas
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Si queremos conseguir en una coraza o parte metálica, un efecto de metal herrumbroso, Una vez aerografiado el
color metálico y obtenido las luces y sombras correspondientes, preparamos una mezcla con un color óxido resultante
de mezclar negro y rojo, la cantidad de diluyente debe ser menor que en condiciones normales, con el fin de dejar
la pintura algo más espesa. Regulamos la presión del aire a 0,5 bares y dirigiendo la boquilla hacia un folio
blanco, echamos hacia atrás el pulsador del aerógrafo para que el conducto de la pintura quede totalmente
abierto; en ese punto, comenzamos a presionar suavemente el pulsador hacia abajo, con lo que el aire al iniciar
su salida a una presión baja, no conseguirá “chupar” la pintura disponible de forma homogénea, comprobando
como la nube obtenida está llena de partículas y salpicaduras de color óxido muy convincentes. Si el resultado
nos convence y sin variar la posición del pulsador, sólo tendremos que dirigir la boquilla hacia la superficie
metalizada en cuestión, para conseguir el mismo efecto sobre ella.
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Telas bastas y punteados
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La manera de conseguir este efecto es de manera análoga al caso anterior. Si por ejemplo, partimos de una tela
color ocre o marrón oscuro, bastará finalizar con una nube de salpicaduras de un color más oscuro.
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