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" EN LA FRONTERA DEL IMPERIO - BRITANIA SIGLO II "
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Fabricante: Varias marcas - 54 mm
Figuras pintadas por: Alejandro Labourdette Díaz
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La civilización romana empezó en una ciudad de la actual península italiana que a pesar de su pequeñez dió
nombre a todo un Imperio.
Este Imperio llegó a extenderse, en el momento de su máximo apogeo, por una superficie de 4300 Km.
de este a oeste, desde la península Ibérica a Asia menor y 3200 Km. de norte a
sur, desde las Islas Británicas a todo el norte de África.
La historia de Roma puede dividirse en tres grandes periodos:
753-509 A. C. - La Monarquía
Dice la leyenda que Roma fue fundada por un par de gemelos, Rómulo y
Remo. Amulio el usurpador, mandó ahogar en el Tiber a los hijos de su hermano
Númitor que era el rey legítimo de Alba Longa; sin embargo a su sobrina la
nombró vestal para que no tuviera descendencia pero, fue violada y trajo al mundo
dos gemelos que fueron abandonados a las corrientes del Tiber en una cesta de
mimbre; una loba los encontró y cuando crecieron, restauraron a su abuelo en el
trono y fundaron una ciudad en el lugar en que fueron salvados. En una mezquina
pelea Rómulo mató a Remo y se convirtió en el primer rey de Roma.
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Atalaya defensiva (fabricación propia)
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Le sucedieron reyes latinos,
sabinos y etruscos hasta Tarquino el Soberbio, que fue un tirano al que
destronó el pueblo instaurando la república en 509 a. C.
509-31 A.C. - La República
El poder era detentado por un
grupo de personas: los senadores. El Senado se reunía para tomar decisiones.
Los senadores eran miembros de familias acomodadas y romanas, por lo que el
pueblo llano no se sentía muy representado. Anualmente se elegían dos cónsules,
qué debían tomar decisiones de común acuerdo y eran asesorados por el Senado.
Julio César fue un gran
militar y estratega. Conquistó vastos territorios para Roma, y fue cónsul en 59
a. C. Su poder dio miedo al Senado y le exigió dejar el mando de sus tropas,
Cesar se opuso, marchó sobre Roma y se
convirtió en dictador. Tras su asesinato (44 a. C.) comenzó la guerra civil.
31 a.c - 476 d.c. . - EL Imperio Romano
Con la batalla de Actium del año 31 a. C. concluye la guerra entre Marco Antonio y Augusto, pero desde el 27
a. C. Augusto había impuesto una distribución imperial: las regiones durante la
República, eran zonas vencidas y subyugadas, ahora pasan a ser provincias
romanas.
El momento de máxima expansión
territorial del Imperio se dio el año 106, cuando Trajano, emperador de origen
hispano, conquista la Dacia (actual Rumania). La columna de Trajano, en Roma,
narra en espiral, estas campañas, siendo una inigualable fuente de información
sobre la vida en el ejército romano.
LA VIÑETA
Estamos en la época del emperador Adriano, observamos una porción de calzada romana en Britania. Se ve
un milliarium, detrás del abrevadero y una aedicula, pequeña hornacina con la
representación de alguna deidad. Parece que hay actividad sobre ella, un
legionario la recorre y un perro sigue a un soldado a caballo.
Gracias a la habilidad
constructora de los romanos podemos, aún hoy, visitar multitud de monumentos,
algunos de ellos en perfecto estado de conservación, diseminados por Europa,
Asia y África. Las calzadas romanas son las grandes autovías de la época. El proyecto
de red viaria llegaba a todos los rincones
de este gran Imperio, posteriormente en cada provincia se dividía en multitud
de pequeñas ramificaciones. Llegó a alcanzar una longitud de cerca de 100.000 kilómetros
repartidos por Europa, Asia y África.
En la frontera del Imperio - Britania, S.II
La red de calzadas se construyó con una doble finalidad; la primera, meramente comercial, sería la de
unir los centros productores
de materias primas con los puertos y con las ciudades donde se consumían los
productos. Por otro lado, tenían un considerable valor militar puesto que
permitían una rápida movilización de tropas. Debido a su importante valor en el
comercio y en el mantenimiento de la paz, a lo largo de todo su recorrido se
establecieron guarniciones militares encargadas de la protección de una porción
más o menos amplia de territorio.
Muchas calzadas discurren por
caminos de épocas anteriores que fueron pavimentados para hacerlos más rápidos
y aptos para el transito de personas, animales y carros; también se construyeron
multitud de puentes para salvar ríos o barrancos, se drenaron lagos,
atravesaron ciénagas construyendo las calzadas sobre un entramado de madera e
hicieron pequeños túneles para atravesar montañas.
La mayoría de las calzadas
unen las ciudades mediante un trazado rectilíneo (muchos tramos se conservan y
de muchos de los que han desaparecido permanece su huella en el paisaje), al
diseñar las calzadas mediante líneas rectas, eran indiferentes a los accidentes
geográficos, incluso fueron capaces de atravesar los Alpes. Lo primordial era
la rapidez con la que el ejército pudiera llegar a cualquier zona de conflicto
y, como todos sabemos, la distancia más corta entre dos puntos es la línea
recta.
Para construir una calzada se
abría un ancho surco y se ponían bordillos de piedra a ambos lados; se llenaba
el surco con capas muy compactas de piedras, grava y arena en la más
superficial; sobre está última se colocaban grandes losas de pavimentar con una
combadura que hacía que el agua de lluvia cayera hacia los lados donde un par de surcos longitudinales a la calzada
evitaban que se acumulase formando charcos. Construían las calzadas para no
tener que repararlas en cien años, pero, les salió mal el cálculo.
Cada mil pasos o milla romana (1480 m) se colocaba un miliarium, un mojón que indicaba la distancia desde la
población en la que comenzaba la calzada, en otros casos tenía grabado el
nombre de la legión que lo construyó o los nombres y títulos del emperador que
había mandado realizarla. Un milliarium podía pesar cerca de dos toneladas,
pues solían ser de casi dos metros de altura y medio metro de diámetro.
Para la viñeta se utilizó un fragmento recto de calzada del catálogo de "Alhambra Models", al que para romper simetrías con respecto
a la base, se ha inclinado aumentando con masilla un pequeño triángulo delante y otro en la parte posterior.
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Abrevadero y Atalaya Defensiva
Gracias al abrevadero, construido hace algunos años canalizando el agua, de un pequeño arroyuelo
cercano, este pequeño grupo de legionarios destacados en la frontera britana
tiene agua suficiente para que beban los animales y pueden recoger la necesaria
para las actividades diarias.
La Atalaya aquí representada, tiene una doble finalidad; por un lado, se puede vigilar una amplia porción de
terreno y además protege a los legionarios del frío y la lluvia, teniendo
siempre un lugar seco en el que guarecerse. En caso de ataque también puede servir
como fuerte defensivo.
Abrevadero (Alhambra Models)
Un legionario está de guardia, otro limpia su equipo con agua del abrevadero y cerca de la atalaya están probando
puntería y alcance con un escorpión. La porción de atalaya esta realizada con tizas cuadradas recubiertas de
masilla, maderas de varios grosores para puertas, ventanas y balconada, piezas
de cerámica y pajitas de refresco simulando las tejas.
Las legiones debían proteger las fronteras del Imperio de las tribus locales. Durante la época de Trajano, periodo
de máxima expansión, era necesaria una estrecha vigilancia de las fronteras con
legiones acantonadas en todos los puntos calientes. Adriano, sucesor de
Trajano, no aumentó la extensión del Imperio sino que se dedicó a reforzar las
fronteras construyendo cientos de fuertes, atalayas defensivas y torres de
vigilancia.
Parte de la instrucción de un legionario era aprender técnicas de construcción.
Siempre que acampaban para pasar la noche levantaban un campamento provisional
y si era para pasar una temporada se construía de forma permanente. Los
campamentos siempre se construían de la misma manera, no importaba en que
región se hicieran ni que legión los levantara. Las atalayas eran torres de
piedra con una galería, desde la que podían enviar señales, con humo o con
antorchas. Cerca de la atalaya había un montón de paja (no representado) que,
en caso de peligro, servía para enviar señales de humo.
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Cayo Lucio Falco
Cayo Lucio Falco es soldado
desde hace demasiado tiempo, por su edad, está cercano a cumplir con sus obligaciones
con el ejército y pronto disfrutará de un merecido descanso; le gustaría que le
concediesen un terrenito cerca de Émerita Augusta en la soleada Hispania, Ha
pasado demasiados años en Britania y esta harto de nubes y lluvia.
En las legiones romanas sólo
podían enrolarse los ciudadanos romanos que prestaban juramento de fidelidad.
Los no ciudadanos podían formar parte sólo de tropas auxiliares pero, se les
recompensaba con la ciudadanía romana al finalizar el servicio militar.
El legionario transportaba a
hombros en un marco de madera sobre su hombro izquierdo todo su equipo. El
equipo pesaba más de 30 Kg. y consistía en capa enrollada, cantimplora de
cuero, mochila con víveres y utensilios personales, pala y pico para cavar
zanjas o hacer terraplenes, un pote para el rancho y un caldero. Por otro lado,
también llevaban las herramientas propias de su oficio, el armamento ofensivo:
pilum, gladius y pugio (jabalina, espada y daga) y el armamento defensivo la
armadura de chapas de metal articuladas, el escudo y el casco.
Tras 20 ó 25 años de fiel servicio en las legiones se recompensaba al guerrero con dinero o con un lote
de tierra.
La figura es una transformación de una figura del kit de "catapulta romana" de Andrea para que marchara
transportando el equipo, la cabeza es del cajón de restos y los brazos han sido
modificados para adaptarse al pilum y al equipo.
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Cayo Lucio Falco
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Julio Paulino Albus (Legionario de Guardia en la balconada)
Hoy le ha tocado la guardia,
Julio Paulino piensa que ha tenido suerte es mejor que estar cavando o entrenando
con la espada de madera y el escudo de mimbre; también le podía haber tocado
limpiar las letrinas; pero no, tendrá que estar casi todo el día de pie oteando el horizonte, es cansado pero no agotador.
Una legión estaba formada por
unos 5000 hombres dividida en 10 cohortes, cada cohorte estaba compuesta por
centurias de unos 80 hombres y cada centuria se dividía a su vez en pequeños
grupos de 8 legionarios llamados contubernia (legionarios que compartían tienda
de campaña).
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Julio Paulino Albus
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Los legionarios se levantaban antes del alba, se lavaban, recogían los
colchones de paja y formaban, sin desayunar, para pasar revista y recibir las
órdenes del día. El entrenamiento era duro, tenían
que correr, saltar, superar multitud de obstáculos con las armas y la armadura
puesta. Aprendían a moverse en formación según las órdenes de su centurión,
avanzando en filas más o menos compactas y formando cuadros, semicírculos, etc.
Debían hacerlo a la perfección para que cuando hubiera batalla se repitieran
los movimientos rápida y mecánicamente. Varias veces al mes realizaban marchas
de unos 30 Km con todo el equipo, debían estar preparados para marchar, luchar y, al llegar la noche,
construir un campamento donde dormir.
La figura es una transformación de otra figura del kit "Catapulta romana". Sólo se han
modificado los brazos para adaptarlos al pilum y al escudo.
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Antonio Marcial Cornelio (Legionario Limpiando su equipo)
Antonino es un joven recluta,
que aún no está muy familiarizado con la disciplina militar y le ha tocado
limpiar el equipo de nuevo por presentarse a la revista matutina con la lorica
manchada con un poco de barro; esto no le exime del resto de tareas que le
correspondan, aún así se lo toma con calma, pues prefiere un trabajo concienzudo
y bien terminado a un castigo infringido por su oficial superior.
El armamento de las legiones romanas fue adoptado de los pueblos que combatían:
de los samnitas adoptaron el pilum, pequeño dardo de metal insertado
en un mango de madera que, una vez clavado se doblaba o partía siendo imposible
su reutilización por el enemigo, además si se clavaba en un escudo hacía que
este pesara en exceso, con lo que el enemigo tenía que abandonarlo quedando completamente
desprotegido.
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Antonio Marcial Cornelio
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El gladius o espada corta es una adaptación de la falcata ibérica. Su
longitud era de unos 60 centímetros, ideal para el cuerpo a cuerpo.
El escudo rectangular
cilíndrico era similar al que utilizaban los gladiadores en sus luchas a muerte
sobre la arena de los coliseos. Se fabricaba curvo para desviar los golpes y
llevaba refuerzos de bronce en los bordes y en el centro.
El casco que utilizaban era una modificación mejorada de los cascos galos. Este tipo de casco conseguía una
protección casi total de la cabeza era semiesférico con refuerzos metálicos,
cubre-nucas y carrilleras.
La lorica segmentata es la coraza que se aseguraba con cordones de cuero y que
permitía, gracias a su diseño, una gran movilidad al legionario, además de una
inestimable protección que junto con su mortal utilización de la espada hacía
que fuera un temible enemigo.
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Julio Suetonio Flavio (Soldado de caballería)
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Julio Suetonio Flavio (Soldado de caballería)
Julio Suetonio tiene hoy una
misión importante; debe llevar un correo imperial a los distintos puestos de la
frontera, ha empezado pronto, pero aún quedan muchas atalayas y fuertes en la región
que le han asignado. Acaba de llegar y está preguntando al legionario de
guardia si este puesto está bajo las órdenes del centurión Vinicio Octavio
Valens, que es el oficial que debe recibir el correo. Una vez entregado el mensaje,
continuará su recorrido por los puestos fronterizos.
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Le acompaña un chucho que
encontró abandonado en una aldea escocesa. Le cuidó y dio de comer y desde entonces
le sigue fielmente a todas partes, no tiene nombre pero, en secreto le llama
Adriano, pues Julio Suetonio, como su familia es un republicano convencido y
solo se ha alistado para conseguir méritos y escalar puestos administrativos.
Ahora está bajo las órdenes del tribuno Máximo Gayo Valens, piensa que pronto
podrá conseguir un ascenso.
La caballería romana se organizaba en unidades de varios tipos, según el número de hombres que la formaran,
pero la unidad básica era la turma, grupo de 30 soldados y tres oficiales. El entrenamiento era tan duro
como el de la infantería; saltaban a la silla completamente armados, corrían y
cabalgaban por el patio de armas desde el alba hasta el ocaso, todos los días
cargaban contra estacas, de tal forma, que eran capaces de arrojar certeramente
las jabalinas desde cualquier ángulo, hacían largas marchas por las montañas y
cruzando ríos.
Un contingente de 120 jinetes
acompañaba a cada legión. Estos soldados de caballería se utilizaban como
mensajeros y escoltas para el comandante.
A la figura se le han adaptado
los brazos para que cogiera de forma, más o menos, natural la lanza y el escudo.
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Vinicio Octavio Valens (Centurión)
Vinicio Octavio se alistó en la legión hace mucho tiempo, sufrió el duro entrenamiento y aprendió rápido.
Sus oficiales pronto se fijaron en él y nunca defraudó; terminaba el primero todas
las tareas, nunca desobedecía una orden ni remoloneaba en el trabajo. En
batalla era de los primeros en atacar al enemigo. Se ganó la confianza de sus
superiores y en pocos años ha conseguido ser centurión. Ahora vive mejor, es el quien entrena, da las órdenes y castiga a palos
a los nuevos reclutas.
Cuando un hombre ascendía a
centurión, normalmente, era trasladado a otra legión para que no trabara amistad
con sus subordinados. Los centuriones se encargaban de repartir las tareas diarias,
llevar, junto con dos escribanos, el
inventario del equipo correspondiente a su centuria y por último, debía marchar
al frente de sus tropas en la batalla.
El centurión era un oficial experimentado que estaba al mando de una
centuria (80 hombres). Para que sus hombres pudiesen reconocerlo en el fragor
de la batalla llevaba un penacho especial en el casco.
Las corazas metálicas
anatómicas, qué simulaban, en relieve los músculos del pecho y abdomen se reservaban
para los oficiales; también era característico que los centuriones usaran
grebas, protectores de metal que cubrían desde la rodilla hasta el pie.
En la mano llevaban un bastón
de madera de vid, que no tenían reparo en utilizar para golpear a cualquier legionario
desobediente, remolón o inepto. Cuenta Tácito que un centurión recibió el apodo
de “Cedo Alteram” que quiere decir “dadme otro”, pues solía partir su bastón
sobre las costillas de los legionarios y siempre andaba pidiendo otro bastón.
La figura pertenece al catálogo de Andrea Miniatures.
En la frontera del Imperio - Britania, S.II
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Cayo Domicio Ferens (Legionario manejando el Escorpión)
Desde niño Cayo Domicio había diseñado máquinas simples con las que disparaba proyectiles, cuando jugaba con los chicos de su barrio a Julio Cesar
contra los galos o Cartago contra Roma, el siempre jugaba en el bando romano y
todos querían estar con él pues sus máquinas hacían mucho daño.
Desde que se alistó en la legión quería pertenecer a la artillería, ahora lo ha conseguido, es el
encargado de la utilización, reparación y mantenimiento de un escorpión.
Las máquinas de guerra romanas
fueron copiadas de los griegos. Impulsaban sus proyectiles (flechas, dardos,
piedras,...) con muelles de cuerda muy tensados. El escorpión era una máquina
que lanzaba flechas a gran distancia. Se podía utilizar tanto en campo abierto,
como en un asedio o en la defensa de un fuerte. El único problema es que no
tenía ruedas con lo que su desplazamiento y montaje requería mucho tiempo.
Casi ninguno de los pueblos que lucharon con Roma poseía máquinas de
guerra, lo cual, daba una enorme ventaja a los romanos. En un ataque, primero
disparaban proyectiles con la artillería, piedras o cientos de flechas, estos
proyectiles, en ocasiones, iban untados de pez ardiente con lo que originaban
desbastadores incendios en las líneas enemigas. En segundo lugar, los
legionarios lanzaban sus pilum, que hacían que guerreros enemigos no heridos
tuvieran que desprenderse de sus escudos defensivos. Por último, el ataque de
la infantería perfectamente protegida con su lorica segmentata y su mortífera
espada corta, el gladius.
La figura pertenece al catálogo de Andrea Miniatures.
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Alejandro Labourdette Díaz - Abril 2004
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