ARTÍCULOS DE PINTURA

" LOMBARDÍA 1525 "
Fabricante: Andrea Miniatures - 54 mm
Texto y Figuras pintadas por: Alejandro Labourdette Díaz

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* ¿Es cierto que en una de las batallas del siglo XVI un rey francés cayó prisionero?
* ¿Qué tiene que ver un trasto grande y aparatoso (armatoste) con un arma que empezaba a estar en desuso durante el siglo XVI?
* ¿Por qué una población italiana (Bicoca) define algo fácil de conseguir?
* Los tercios españoles, invictos durante 150 años, ¿por qué reciben ese nombre?
* El emperador Carlos ¿por qué no se puede decir que fue I de España y V de Alemania?
* ¿Quiénes llamaban a su espada “destripagatos”?
* ¿Qué hacían un escultor pendenciero, un poeta que se codeaba con la corte y un conquistador en los enfrentamientos franco-españoles de principios del siglo XVI?
* ¿De donde proviene la frase “vete a la porra”?
* ¿Sabías que durante la Edad Media se prohibió el uso de un arma entre cristianos pero si podía ser utilizada contra los infieles?
* ¿Los cañones poseen alma (anima)?
* ¿Cuál es el origen de la frase “habla en cristiano”?


LA ESCENA

Hace ya muchos años, en la celebración de mi décimo aniversario de boda, allá por el siglo pasado, Victoria, mi mujer, me sorprendió con un regalo de esos con los que cualquier miniaturista sueña, pero no se atreve por la cantidad (muchas pesetas) que cuesta y la cantidad de piezas (más de un centenar) que hay que limar, pegar y pintar.

Una vez en las manos, ¿Quién es el guapo que no lo abre, saca las pequeñas piezas, observa las expresiones de las caras, mira encajes e imagina un espectacular resultado final de la pieza terminada? Después llega la terrible realidad y, vuelves a guardar todo en la caja para empezarlo otro día con más tiempo.

Te embarcas en proyectos más pequeños y fáciles, pero sigues dándole vueltas, decides que sólo el tren de artillería es poca cosa, ¡dios, que irracional! y piensas en aportar algo original y exclusivamente tuyo; piensas, imaginas, consultas libros, lees sobre la época y, cada vez sientes más ganas de iniciar el trabajo. Mientras tanto, pasan los meses.

Lombardía 1525
Lombardía 1525

Ya está, decidido, haré la entrada de una villa renacentista en el norte de Italia y el tren de artillería entrando en ella, ¡No!, entrando no, quedará de espaldas, mejor saliendo. ¡Vaya faena!, el árbol está en el sitio que no debe, pues nada, se coge la segueta se corta el trozo de terreno y se coloca al otro lado. Otro compás de espera.

En unas vacaciones de Navidad con algo más de tiempo, de nuevo a la tarea, tomo medidas y fabrico un arco en cartón que será la base para la puerta de la villa; las piezas de cartón no encajan bien, se te pegan los dedos, chorrea el pegamento; bueno, paciencia Alejandro, que casi está. Por fin, se ha pegado, ahora con cola blanca a colocar ladrillos. Pero si queda fatal, no me gusta el resultado, lo dejo encima de un armario, ¡a la porra!

A propósito, la famosa frase con la que nos quitamos de encima al individuo molesto, “vete a la porra”, viene de la época de los tercios. El sargento de cada regimiento llevaba un gran garrote distintivo, llamado la porra. Cuando hacían un alto en el camino clavaban el garrote en el suelo, allí se disponía la guardia con carro de los dineros, la bandera y los hombres bajo arresto, que tenían que permanecer sentados cerca de la porra. Por tanto, mandar a la porra a alguien era arrestarlo.

Pasan meses y meses y mi diorama parece arrestado en lo alto del armario. Mi mujer toma la firme determinación de no regalarme más figuras mientras no acabe esta y, después de mucho tiempo, en una tarde de invierno retomo el trabajo; separo los ladrillos con una cuchilla y preparo unas finas capas de masilla “das pronto” para recubrir todas las paredes. Me parece que queda muy sosa la entrada, decido construir una casa para la guardia adosada al muro en la parte derecha de la entrada. Para su fabricación empleo tizas cuadradas y masilla para enfoscar las paredes, madera de balsa para la puerta y tejas para el techo.

El suelo de la villa imita grandes piedras planas, para hacerlo emplee las piezas de un catálogo de material de construcción, recortándolas a medida y redondeando sus bordes.

Lombardía 1525
Fachada de la Villa

La pieza es demasiado grande y de difícil manejo y avanzo despacio: fabrico las puertas con listones de madera (de los utilizados como para remover el azúcar en los starbucks coffe), completo el borde de la entrada y la esquina con piezas de cartón simulando molduras y grandes ladrillos decorativos, elaboro un zócalo que recorre la parte inferior de las paredes y una acera delante de la casa.

La parte superior de la puerta de la villa italiana queda algo simple. Para rellenar esa zona elijo un ballestero del ejército de Carlos V, lo pinto y lo guardo para colocarlo cuando esté terminada la ambientación. Lo colocaré oteando el horizonte por si aparece el enemigo en lontananza. ¿Por qué aún se usa la ballesta si es un arma en desuso?

Los ballesteros representan el fin de una era, este arma dejaría de usarse en la guerra (quedaría para la caza). La ballesta había sido el arma predilecta por los infantes de todos los ejércitos medievales, a pesar de que fue prohibida por la Iglesia en el concilio de Letrán (1139). El concepto medieval de la batalla está obsoleto, las hermosas cargas de caballeros con resplandecientes armaduras ya no son efectivas, pues los campos de batalla se llenan de armas de fuego. El siglo XVI es el inicio del predominio de la lucha a distancia, el arcabuz y los cañones redefinen las guerras.

Las ballestas lanzaban saetas, cuadrillos, viras o viratones que se montaba en el canal (ranura longitudinal en una pequeña cureña de madera). Esta arma necesitaba, para tensar el arco, de cranequín, pie de cabra o armatoste, eran difíciles de cargar por lo que hacía que en su tiro se empleara mucho tiempo, y además, cada vez más complicadas. El mismo armatoste, sistema de disparo, era un trasto tan grande, que su nombre ha quedado precisamente para definir aquello que molesta por su tamaño siendo demasiado grande y aparatoso.

Ballestero
Ballestero

Ha ido pasando el tiempo y ya estamos en el 2006, ¡Habrá que ponerse las pilas! Decido llevarme la pieza a la playa, trabajaré en ella durante las vacaciones de semana santa, el proyecto avanza despacito.

Por fin, durante el verano, el mes de agosto da mucho juego, mi mujer trabaja como la mayoría de los mortales y yo me quedo con mi hija en la playa (es lo que tienen las vacaciones del maestro), ella pasa mucho tiempo con sus amigos y yo me meto de lleno con el tren de artillería. En ocasiones por la mañana, la tarde y la noche, quiero terminarlo y le voy a dedicar todo el tiempo necesario.

Pinto los bueyes, termino el terreno con masilla, coloco piedrecillas (¡toda una tarde para pintarlas!), coloco las puertas y realizo un techo sobre ellas con vigas, un entramado de madera y piedras planas encima.

Detalle de los Bueyes
Detalle de los Bueyes

Empiezo a montar y pintar el cañón con su armón, ¡pardiez que de piececillas!; lo pinto en los colores de la caja, me parece una bonita combinación, rojo, cañón de bronce y remaches y resto de piezas metálicas de hierro.

Tenía pensado ambientar la figura en los primeros meses del año 1525, previo a la batalla de Pavía, imagino un terreno embarrado y lleno de charcos. Relleno las oquedades del terreno con agua artificial, habrá que superponer varias finas capas, hay que esperar varios días a que seque y pierda el color blanquecino y la opacidad hasta que quede incoloro y transparente.

La artillería de Carlos V me está dando más quebraderos de cabeza de lo previsto, lleva mucho trabajo y es difícil colocar todas las piezas en su sitio, y su pintura también se complica, hay sitios casi inaccesibles a los que difícilmente llega el pincel. Que complicadas son estas piezas, ¿Cuál es su historia?

La Artillería del siglo XVI: La artillería empezaba a ser importante, pero resultaba muy cara y aún era muy primitiva. Los cañones eran tubos de bronce fundido (aleación de cobre y estaño), fabricados en una sola pieza para evitar los escapes de gases y aumentar la potencia de fuego. Se cargan por la boca (avancarga), y sus paredes progresivamente, de la boca a la recámara, se hacen más gruesas. Un par de muñones fundidos con el tubo permitían colocarlo en una cureña con ruedas que enganchada a un armón podía ser transportada fácilmente por un par de bueyes.

Una vez colocada en el campo de batalla se conseguía variar el ángulo de tiro del cañón mediante una serie de cuñas que alzaban o bajaban la recámara. Poseen un par de asas para su manejo, estas tienen formas de delfines, peces, dragones u otros seres mitológicos.

Los cañones seguían siendo de anima lisa (pared interna del cañón), el ánima rayada aparece en el siglo XIX y consigue, al hacer girar al proyectil en el interior del cañón, que este salga como si fuera una broca que va abriendo un túnel en el aire, logrando mayor alcance y velocidad de salida.

Los cañones eran auténticas obras de arte, llevaban grabados los escudos reales, o del gran maestre de artillería, el nombre del fabricante, el año de fundición, etc., y el nombre del propio cañón pues en esta época eran armas personalizadas que recibían nombres de muy diferentes clases: unos eran religiosos: Nª Sª de Covadonga, Santiago…; otros definían sus cualidades: El matador, Destructor, Rayo,…; había nombres de animales y personajes reales o mitológicos: Hércules, Dragón, El león, Jasón,…; e incluso algunos recibieron nombres más vulgares como: La tetuda, El pollino, El gran diablo, Espérame que allá voy, etc…

Detalle del Cañón
Detalle del Cañón

Los cañones podían disparar balas macizas de hierro o tiro de metralla que esparcía por el campo trozos de hierro, piedras y plomo, algunas balas se envolvían en estopa que se incendiaba al ser disparada. Contra los barcos, se lanzaba la llamada bala roja, que se calentada hasta ponerla al rojo vivo y, al impactar con la nave, se incendiaba. La palanqueta era una barra de metal con engrosamientos en los extremos, y, las balas encadenadas (una cadena unía dos balas normales) destruían la arboladura de las naos.

Al ser piezas de avancarga necesitaban de una serie de herramientas, artilugios de largo mango que se introducían por la boca del cañón, para las diversas acciones que había de realizar durante la carga y limpieza: la cuchara, pieza de metal con forma cóncava para introducir la carga de pólvora; el atacador, una bola o tronco-cono de metal con el que se comprime la pólvora en el fondo del tubo; la lanada, un hatillo de tela al final de un palo para limpiar el anima o refrescar el interior después de haberlo mojado con agua; y, el sacatrapos, pieza metálica con forma de tridente o de sacacorchos para extraer lo que quedara atascado en el interior del cañón. Los asedios y la guerra de sitio sufrieron una completa trasformación con la aparición de la artillería, aunque al principio la cadencia de tiro era muy lenta, pues había que dejar enfriar el cañón y limpiar bien el ánima antes de cargar de nuevo el arma.

En Pavía se modificaron las fortificaciones para resistir el cañoneo de la artillería, se completaron las defensas con grandes trincheras en el interior de las murallas, flanqueadas por casas fortificadas desde las que disparaban pequeños grupos de arcabuceros. En las nuevas fortificaciones hubieron de reforzarse las bases de torres y muros con macizas y gruesas protecciones, mientras que las murallas hubieron de ser rebajadas y ampliadas con grandes plataformas en su parte alta donde se instalaban los cañones.

Continúo con la tarea que me he encomendado, pinto el landsquenete en los vivos colores que solían utilizar estas unidades de mercenarios alemanes. Pero, ¿Quiénes eran realmente estos hombres que se vendían al ejército que mejor les pagaba y que fueron unidades de elite en todos los enfrentamientos de la época?

Los Lansquenetes: El nombre, según algunos autores, proviene de land, país, y knecht, servidor; mientras que hay quien piensa que la primera parte de la palabra viene de lanz, lanza.

Detalle del Lansquenete
Detalle del Lansquenete

Los lansquenetes actúan como grupo mercenario esgrimiendo armas de extraordinarias dimensiones y mostrando una gran fiereza en el combate. Un arma muy popular era la “zweihänder”, una espada de doble filo, con hoja recta u ondulada de un metro sesenta y siete centímetros de largo. La espada corta, Katzbalger en alemán -literalmente “destripagatos”-, era un arma ancha con filo y estoque y una longitud de unos 70 centímetros.

Georg von Frundsberg (1473-1528) es llamado “padre de los lansquenetes”. Era un veterano capitán (en 1504 fue armado caballero por el emperador Maximiliano) que perfeccionó los métodos de los lansquenetes convirtiéndolos en una tropa disciplinada y tremendamente eficaz. Fuera de la batalla eran borrachos, crueles, se dedicaban al pillaje y a la violación. Su desfachatez y ganas de bronca se hicieron famosas.

Frundsberg y sus lansquenetes participaron en la conquista de la mayor parte de Lombardía para el emperador Carlos V. Tomaron parte en la batalla de Bicoca y participaron en la derrota francesa de Pavía, el 6 de mayo de 1527 murió en el asalto de Roma donde sus lansquenetes cometieron abominables excesos.

En su vestuario no incluían casco ni piezas metálicas, era habitual que se tocaran con una amplía gorra, un jubón de piel, casacas abiertas y calzones amplios y acuchillados todo ello de vivos y variados colores.

Si los mercenarios no recibían puntualmente sus pagas, podían amotinarse o venderse al enemigo (la víspera de Pavía se negaron a combatir si no se les pagaba). Los apuros monetarios eran (y lo siguieron siendo) un mal endémico en el ejército español y no era extraño que se debiera a los soldados hasta tres o cuatro años de paga, por ello, era tan importante el posible botín obtenido del saqueo de las plazas conquistadas.

Una frase muy utilizada por los lansquenetes decía: “Dios nos dé cien años de guerra y ni un solo día de batalla”. Esta frase también era lema de los generales que preferían asediar las ciudades y pactar acuerdos antes de enfrentarse en cruentas batallas con numerosísimas bajas.


Al representar en la escena un campo completamente embarrado, las figuras y el cañón no pueden estar limpitos como salidos de la ducha, decido mancharlos. Para ello ensucio las patas de los animales con los colores utilizados para el suelo, ensucio las piedras de la entrada con pintura y pegotillos de masilla simulando la porquería arrastrada al interior de la villa. Cuando llega el momento de manchar las ruedas del armón y del cañón me cuesta tomar la decisión, ha sido complicado pintarlas con tantos remaches de hierro y piezas de madera en color natural o de rojo.

¡Manos a la obra!, con un pincel viejo humedecido pego trocitos de masilla a las ruedas y la pinto con los mismos tonos que el terreno.