ARTÍCULOS DE PINTURA

" LOMBARDÍA 1525 "
Fabricante: Andrea Miniatures - 54 mm
Texto y Figuras pintadas por: Alejandro Labourdette Díaz

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Un detalle curioso se me ocurre al medir el radio de la rueda del cañón y calcular su perímetro (recordad 2pR), es ligeramente superior a la distancia desde el punto de apoyo de la rueda a la entrada de la villa, por lo que aún no ha dado una vuelta completa y debe quedar un pequeño arco de circunferencia sin ensuciar. Por la misma razón, las ruedas del armón, más pequeñas y más lejos deben ser ensuciadas con mayor intensidad pues han dado, al menos, un par de vueltas.

Detalle del terreno embarrado
Detalle del terreno embarrado

Para terminar la pieza faltan algunos elementos decorativos que llenen de vida la escena; busco en las distintas cajas y cajones, encuentro muchas piezas que pueden ser útiles para rellenar huecos. Al ser una villa, se supone que autosuficiente, debe tener animales y aperos de labranza. Una oca paseando indiferente por el exterior, un fiel perro guiando al landsquenete y un gato curioso observando al ballestero acompañan a los dos esforzados bueyes que arrastran el cañón. Barriles, cajas, cadenas, una espada abandonada sobre un barril, una hoz, una tijera, cuerdas,… rellenan el espacio de la parte superior de la puerta aportando la necesaria sensación de uso, descuido y desorden de la guarnición. Cerca de la entrada, delante de la caseta adosada al muro, una carretilla con leña y un hacha, un horquillo, una pala, un recipiente de barro, dan idea de la cotidianeidad, del trabajo que no debe abandonarse aún en tiempo de guerra, hay que mantener los campos en condiciones para labrar y sembrar cuando venga el buen tiempo, recoger la leña para pasar el frío invierno, recoger el heno con el horquillo y llevárselo a los animales, etc…

Detalle de los animales
Detalle de los animales y aperos

En más de una ocasión pensé que iba a ser difícil terminar este trabajo pero, ya que lo había iniciado no podía renunciar a acabarlo. Evidentemente el proyecto nunca fue una bicoca. ¡Vaya!, una de las batallas libradas por aquella época recibe ese nombre. ¡Qué casualidad!, a ver que dice el diccionario. Buscando en el de la Real Academia de la lengua:

Bicoca. (Del it. bicocca, y este de Bicocca, población italiana al oeste de Milán, y nombre de la batalla que en este lugar libraron franceses y españoles en 1522). f. coloq. Cosa de poca estima y aprecio. || 2. coloq. ganga (cosa apreciable que se adquiere a poca costa). || 3. ant. Fortificación pequeña y de poca defensa.

Se me ocurre buscar la otra famosa batalla de la que quiero hablar en este artículo, aquella en la que Francisco I, ¡todo un rey!, fue hecho prisionero:

Pavía. (De Pavía, ciudad de Italia). f. Variedad del pérsico, cuyo fruto tiene la piel lisa y la carne jugosa y pegada al hueso. || 2. Fruto de este árbol. || echar por las de Pavía. fr. coloq. Hablar o responder con alteración, despecho o descomedimiento. V. soldado de Pavía.

Me llama terriblemente la atención, dos ciudades del norte de Italia aparecen con significados diferentes a los de la población a la que hacen referencia. He buscado en múltiples fuentes la frase “echar por las de Pavía” sin encontrar de donde viene la expresión. Por el significado bien podía referirse al momento en que fue hecho prisionero Francisco I, pero también a algún otro hecho histórico (entrada del general Pavía a caballo en las cortes para disolver el gobierno en el siglo XIX).

En la actualidad muy poca gente sabe porque se asimilaron a nuestro idioma y cuál es su verdadero significado. Lo cierto es que deberíamos remontarnos a la primera mitad del siglo XVI para descubrir una batalla entre Francia y el Imperio de Carlos V en la pequeña población de La Bicocca, un asedio que significó una muy fácil victoria para los imperiales; parece ser que fue tan, tan sencilla que hoy da su nombre a cualquier cosa fácil de conseguir, o de poco precio.


ESTA ES LA HISTORIA DE AQUELLAS FECHAS EN AQUELLOS TERRITORIOS

El Emperador Carlos (Gante 1500-Yuste1558) aún no había cumplido los 20 años y era el hombre más poderoso del mundo, estaba convencido de su predeterminación como Emperador Universal al servicio de Cristo.

Entre sus objetivos políticos están: socavar el poder de Francia e impedir su expansión por sus fronteras del este y defender el catolicismo contra la Reforma Protestante iniciada en Alemania. Sin embargo, su catolicismo a ultranza no impidió que sus tropas saquearan la Santa Sede en lo que se llamó “Il Saco de Roma”, después de que el Papa Clemente VII se uniera a la Liga de Cognac contra él.

Cuando leemos el nombre del Emperador Carlos terminamos con la coletilla quinto de Alemania y primero de España, aquel que fue llamado “El césar Carlos”. Esta afirmación es históricamente incorrecta. En el siglo XVI no existían ni España ni Alemania, Carlos fue rey de Castilla y Aragón y Emperador del Sacro imperio germánico. El llamado “rey del mundo” soñaba con una Europa unificada bajo el poder de los Habsburgo y, por supuesto, con la bendición del Vaticano.

Carlos se enfrentó con el Papa, no pudo parar la Reforma de Lutero y tampoco consiguió unificar Europa, pues, se enfrascó en interminables guerras con Francia y con el Imperio Otomano. Cuando, cansado de la administración y gobierno de tan bastos territorios decidió abdicar, dividió sus posesiones entre su hijo y su hermano olvidando para siempre la unificación europea bajo la influencia del catolicismo

El Milanesado, durante el siglo XVI, posee una extraordinaria importancia geoestratégica y política para los Habsburgo; ocupa la zona central entre sus posesiones por lo que se convierte en una pieza capital de la política europea y fundamental para sus comunicaciones. En 1521, Francisco I de Francia, al sentirse rodeado por los territorios de los Habsburgo, invadió las posesiones españolas en Italia e inició las hostilidades entre Francia y España. El territorio en litigio llevará al enfrentamiento de los Valois y los Hagsburgo durante dos décadas: de 1521 a 1541. La guerra fue un desastre para Francia, que sufrió importantes derrotas.


EL EJERCITO DE CARLOS V

Durante el siglo XVI la guerra se había modernizado y el dinero era imprescindible, había que comprar en metálico los costosos trenes de artillería, el ganado y los equipos de la tropa. El oro y la plata americanos eran dilapidados en las continuas contiendas en las que combatían los profesionales ejércitos españoles, se calcula que fueron necesarios casi veinte millones de ducados para pagar las campañas.

En el ejército imperial se hablaban multiples lenguas, entre las tropas encontramos lansquenetes alemanes, piqueros suizos, caballería italiana, contingentes flamencos y borgoñones y, por supuesto, los soldados españoles, que posteriormente se organizarían en los famosos tercios.

Detalle del Cañón
1-Rodelero //2-Arcabucero //3-Piquero

La extraordinaria infantería española acabó con las tácticas de guerra medievales y con el predominio de la caballería pesada. Empezó a estar formada principalmente por piqueros o arcabuceros. El soldado del siglo XVI desaparece en el anonimato del escuadrón que, en la batalla, maniobraba y se alineaba bajo una férrea disciplina, como si de un solo hombre se tratara. Las banderas y el alto mando se colocaban en el centro; por el perímetro del cuadro se disponían los oficiales y sargentos para alentar a las tropas y mantener el orden y la disciplina.

Podemos decir que en la infantería española del siglo XVI aparecen por primera vez los famosísimos Tercios, llamados así por estar formados por tres tipos de soldados: arcabuceros, piqueros y rodeleros.

Cada tercio se dividía en tres coronelías (12 compañías de infantería) y era mandado por un maestre de campo.

Arcabuceros: Contaban con el mejor equipo de la época, constituían una fuerza moderna organizada en pequeñas unidades con gran maniobrabilidad y, después de realizar sus disparos se replegaban con gran rapidez a lugares seguros donde recargaban sus armas. Portaban casco pero no coraza y como armas disponían de espada, daga y, por supuesto, arcabuz. El arcabuz estaba formado por una caja de madera sobre la que iba montado el cañón y el sistema de disparo. Se cargaba por la boca (avancarga), medía casi un metro y medio y pesaba entre 8 y 9 kilos, disparaban balas esféricas de plomo o estaño al encender la pólvora con una mecha; la mecha era lo suficientemente larga como para llevarla enrollada en el arma o en la muñeca. Solían llevar una segunda mecha, de repuesto enrollada en la horquilla que utilizaban para apoyar el arcabuz, necesaria para hacer puntería pues su peso era considerable. La pólvora iba en 12 recipientes, apodados los doce apóstoles, que colgaban de una bandolera.

Piqueros: Las picas medían cerca de cinco metros y medio y estaban fabricadas con madera de fresno. Los piqueros formaban geométricamente en cuadros o rectángulos compactos. En primera fila se protegían con casco, peto, espaldar, guardabrazos, manoplas y celada, eran los que paraban el ataque enemigo; sin embargo, las filas interiores llevaban menos protección, en muchos casos un simple coleto de cuero. Entre sus filas contaban con alabarderos que, una vez iniciado el combate, se infiltraban entre los piqueros para luchar en distancias cortas.

Rodeleros: En Italia aún quedaba un gran contingente de rodeleros, fuerza superviviente de las guerras de Granada. Portaban una rodela, escudo pequeño de 50 a 60 cm de diámetro, de metal o madera revestida de cuero. Eran muy eficaces en los asaltos a fortalezas, mientras que en campo abierto, se infiltraban por debajo de las formaciones de picas para herir a los enemigos por debajo de la cintura, con el desarrollo de las armas de fuego desaparecieron y se transformaron en arcabuceros.


BATALLA DE LA BICCOCA

Francia ataca Guipúzcoa y ocupa casi toda Navarra. Los españoles contraatacan y, en el primer choque entre los dos grandes soberanos, en la batalla de Quirós (1521), Navarra queda definitivamente bajo soberanía española, mueren más de 6000 franceses a manos de la infantería del emperador.

La primera batalla en el norte de Italia tuvo lugar en La Bicocca (cerca de Monza). El sangriento combate se desarrolló el 27 de abril de 1522, las fuerzas que se enfrentaron en esta batalla eran las tropas españolas e italianas que obedecían a Carlos V contra las tropas francesas, suizas y algunos aliados venecianos del rey francés Francisco I.

Mapa de La Biccoca
Mapa de La Biccoca

El mando francés, al no poder conquistar Milán, marchó hacia el norte para controlar su ruta de avituallamiento; pero antes debía eliminar la amenaza española de la pequeña fortificación de La Bicocca (actualmente Bicocca es el nombre de un barrio de Milán). Los franceses disfrutaban de superioridad numérica y contaban con el resuelto apoyo de las tropas de piqueros mercenarios suizos.

La mejor táctica y armamento de los españoles hizo que las tropas de Carlos V lograran una aplastante victoria. Se estima (pues el número de bajas nunca ha sido aclarado) que sólo los mercenarios suizos tuvieron entre 3000 y 7.000 muertos en tan solo media hora.

Esta batalla supuso un importante cambio en las tácticas y estrategias bélicas pues en ella fue decisivo el uso de las armas de fuego portátiles, en especial los arcabuceros españoles que barrieron a las enconadas cargas de los piqueros suizos.

Por ello, desde aquellos tiempos, tanto en castellano como en lunfardo, "bicoca" significa una ganancia fácil, obtención de un beneficio sin esfuerzo o con poco dinero, se debe a la aplastante victoria de los españoles sobre Francia.

EL SITIO DE PAVÍA

El 25 de octubre del 1524, el propio rey Francisco cruzó los Alpes con un ejército de 25.000 hombres y 6000 soldados de caballería. A comienzos de noviembre se apodera de Milán haciendo que las tropas españolas se refugien en varias plazas fuertes, entre ellas Pavía, donde se atrincheran dos mil españoles y cinco mil lansquenetes alemanes. Los franceses deciden sitiar la ciudad.

La batalla de Pavía tuvo lugar el 24 de febrero de 1525 entre las tropas francesas al mando del rey Francisco I y el ejército hispano-alemán del emperador Carlos V, que consiguió la victoria e incluso apresó al rey Francisco I. La caballería feudal francesa fue aniquilada por los arcabuceros del emperador como, un siglo antes, lo había sido por los arqueros ingleses en Agincourt.

Los franceses asediaban Pavía con 30.000 infantes, 9.000 jinetes y muchas piezas de artillería. En el interior de la ciudad, las tropas españolas, tan solo 6000 hombres, bajo el mando Antonio de Leyva (soldado curtido y veterano de la guerra de las Alpujarras), resistieron más de lo esperado por los franceses. El resto de las plazas españolas ve como la cantidad de enemigos disminuye considerablemente para ir a apoyar a las que ya sitiaban Pavía.

Mapa de la Batalla de Pavía
Mapa de la Batalla de Pavía

Los españoles resistían con grandes dificultades los ataques franceses, en espera de refuerzos de los estados leales al Imperio, que no llegaban. Un ejército de más de quince mil lansquenetes alemanes y austriacos tenía órdenes de viajar desde Alemania para ayudar a las tropas de Leyva en la plaza sitiada.

En Pavía, empezaron a surgir problemas entre los mercenarios imperiales, estaban muy molestos pues no recibían sus pagas, mal endémico en el ejército español. Para evitar una posible rebelión, los generales españoles empeñaron sus fortunas personales para asumir la soldada, asimismo los dos mil arcabuceros españoles decidieron no percibir sus peculios para que no se creara mayor malestar entre las tropas mercenarias, seguirían defendiendo Pavía aún sin cobrar.

Durante la primera semana de febrero llegaron los refuerzos, 23.000 hombres, del marqués de Pescara, el virrey de Nápoles, y el condestable de Borbón. Los cañones de la artillería imperial inician el fuego el 24 de febrero de 1525.

Los franceses se mantienen a la espera, están convencidos de que las penurias económicas de los imperiales y la falta de alimentos entre los sitiados, les obligaran a abandonar sus posiciones detrás del ejército francés y los defensores de Pavía se rendirán por hambre. En la ciudad, lejos de rendirse, comprenden que los recursos se encuentran en el campamento francés, comienzan las encamisadas abriendo brechas en las posiciones francesas. Las encamisadas era el nombre de los ataques o escaramuzas que se realizan de noche, los soldados visten la camisa blanca sobre la armadura o el coleto para distinguir a los amigos de los enemigos en la oscuridad.

Pescara también quería atacar de noche y por sorpresa para mitigar la superioridad francesa: 30.000 hombres con una magnífica artillería y una espléndida caballería resguardadas tras sus posiciones fortificadas. Se preparó el ataque para la noche del 24 de febrero, ordenándose que todos vistieran camisas sobre la armadura y una banda roja como distintivo imperial.

En vanguardia avanzaba un pequeño grupo formado por caballería ligera y arcabuceros, detrás el marques del Vasto con 3.000 infantes y dos cañones, seguidos en retaguardia por Lannoy, Borbón y Pescara con 2.000 italianos y cuatro piezas de artillería, mientras la caballería protegía los flancos.