Exposición Ferrer-DalmauWaldo Oses

La batalla de Viana. 4-XI-1834

Al punto mandó Zumalacarregi que avanzasen los tres escuadrones de lanceros…, hasta que el eco del clarín les mandó acometer. La suerte quiso conceder en esta ocasión su primer triunfo a la caballería carlista sobre la que tantas veces había alcanzado la victoria»


LA  BATALLA  DE  VIANA     4 – XI -1834

Desde que Don Carlos llegara a Navarra en julio del año 1834, los dirigentes militares liberales intentaron apresarlo. El general Rodil dirigía entonces las tropas y las dividió en distintos grupos cuya misión era atrapar al Pretendiente, a las órdenes de Espartero, Lorenzo, Oraá y Carondelet. Éste último se encontraba en Viana con 300 hombres a caballo y 600 infantes. Después de huir de las tropas de Oraá y Lorenzo, Zumalacárregui quiso probar la eficacia de su recién creada caballería. Para ello, reunió un grupo de 240 jinetes y se dirigió hacia Viana.

Por su ubicación, resulta difícil poder realizar un ataque sorpresa en Viana, pero así sucedió el 4 de septiembre. Mientras la infantería carlista atacaba la ciudad, los «lanceros de Navarra» se enfrentaron a la caballería de Carondelet en el camino a Mendavia. Aunque se trataba de la primera batalla en campo abierto de la caballería carlista, la elitista «Guardia Real» liberal tuvo que batirse en retirada. Después de un par de ataques dirigidos por el propio Zumalacárregui, Carondelet se resguardó en Logroño habiendo perdido 200 de sus jinetes. Esta batalla fue muy importante para la moral de los carlistas ya que Zumalacárregui demostró el éxito de su labor a la hora de organizar un verdadero ejército.

Después de este breve pero conciso relato histórico, apuntar la magnífica interpretación que de esta acción hace en su cuadro Augusto Ferrer Dalmau, se puede apreciar la intensidad de la carga de la caballería Carlista embistiendo cual ariete montado contra las filas Cristinas.

Añadir también que desde que contemplé el cuadro, sentí la necesidad de representar una parte de él y así me dispuse a hacerlo. Pensé en la mejor forma de conseguir recrear la misma sensación con los menores elementos posibles.
Así comencé el montaje de los caballos utilizando para ello cuerpos de Historex debidamente engordados y modificados hasta conseguir la postura deseada.

Posteriormente procedí a la creación de las sillas de montar típicas de la caballería Carlista en aquella época.
Una vez hecho esto, monté las anatomías de los jinetes y me dispuse a vestirlas utilizando para ello masila Milliput; para las espadas y armas volví a sacar el cajón de Historex.

Pero todo esto se quedaría en un trabajo incompleto sin su fase de pintura y para este arduo y exigente trabajo he contado con la inestimable colaboración de Gustavo  Gil, uno de nuestros más afamados pintores de miniaturas.
Sobre este último proceso yo no puedo contaros mucho, solamente decir que el resultado me parece sencillamente maravilloso, ¡¡¡¡¡Gracias Gustavo!!!!!!!

Por último no me gustaría terminar sin agradecer a la Asociación Alabarda el apoyo obtenido para la finalización de esta obra y muy en particular a Paco.

Waldo Oses

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