HistoriaMiguel Angel Pérez

Diego de León y Navarrete

 

¡PREPAREN……………ARMAS!

¡CARGUEN…………………………….ARMAS!

¡APUNTEN……………..………………………..FUEGO!

Con estas voces, se apaga frente al pelotón de fusiles que le ha de ejecutar el 15 de  octubre de 1841, la vida de uno de los héroes más laureados que ha dado la historia de España, convirtiéndose en el recuerdo amargo que la Patria otorga a sus hijos más insignes que como mártires mueren por defenderla. La vida del Teniente General D. Diego de León y Navarrete,  –La primera lanza del reino-, principal referente del romanticismo español.

Relatar en pocas líneas la biografía de personaje tan ilustre es desalentador. Un hombre nacido para la gloria, cuya fe en la defensa del trono de Isabel II le conduce a la guerra, donde tras innumerables cargas de caballería que una tras otra acaban en victoriosas batallas, le elevan al podio del honor, para acabar entregando su vida tras la conjura militar donde confluyen los mezquinos intereses del hombre, con los celos y la envidia.

Nacido en Córdoba el 30 de marzo de 1807, segundo hijo del Brigadier Coronel del Regimiento provincial de Córdoba, Marques de las Atalayuelas. Transcurre su infancia en plena Guerra de la Independencia Española, lo que sin duda determinará su espíritu guerrero. Es nombrado Capitán del Regimiento de Caballería Almansa, el 20 de agosto de 1824 a cambio de una compensación  de sesenta y cuatro caballos que su padre aporta para el Ejército. En diciembre de 1826 pasa a ser designado como ayudante del Ministro de la Guerra y Comandante General de la Guardia Real de caballería, Marques de Zambrano. En 1827 asciende a Capitán de Coraceros de la Guardia Real, obteniendo el grado de Coronel, donde seguirá prestando servicio en esta unidad hasta que asciende a Comandante del 3º escuadrón de Lanceros por antigüedad.

Augusto Ferrer Dalmau: Diego de León

Ya iniciada  la Primera  Guerra Carlista, su conciencia le inclina a defender la causa de la reina niña, fiel a sus ideales caballerescos, solicitando participar en campaña donde pasará a ser destinado al Ejército de Operaciones del Norte. Destaca inmediatamente por su valentía  y arrojo, conduce a sus escuadrones a sucesivas victorias, en los ataques de Urbiza, el de Muez, en los campos de Navarra, en Asarta, en el puente de Arquijas, destacando especialmente la que transcurre el 2 de septiembre de 1835 en los Campos de Los Arcos, donde a las órdenes del General Espartero, confiada el ala derecha de la línea en un escuadrón de su regimiento compuesto de setenta y dos lanceros, muestra de nuevo su serenidad y valor atacando al enemigo de flanco, efectuando hasta cinco cargas sucesivas de caballería consiguiendo la derrota definitiva del enemigo.

Museo del Ejército

Esta acción se verá recompensada el día siguiente con los máximos honores por el General Luis Fernández de Córdoba que le impone la Cruz Laureada de San Fernando, con la dispensa del juicio contradictorio ante la notoriedad y evidencia de la hazaña. Pero no terminan aquí sus éxitos en campaña, porque a continuación protege con sus tropas el fuerte de Treviño, la retirada de los cristinos en el sitio de Salvatierra y efectúa de nuevo otra brillante carga en la batalla de Mendigorria. Combates como el de Salvatierra, Estella, Montejurra,  Berrio-Plano, Zubiri, no hacen más que acrecentar su leyenda.

El 12 de marzo de 1836, es nombrado Coronel del Regimiento de Húsares de la Princesa, en sustitución del Coronel Pedro Elió, fallecido en combate. Al frente de este Regimiento prosiguen las victorias, siéndole encomendada la misión de perseguir al General Carlista Gómez en la Expedición que éste lleva a cabo por la Península, donde transcurre la gloriosa acción de Villarobledo, en la que enfrentándose a unas fuerzas en un número muy superior consiguen una sorprendente victoria que  refleja la característica fundamental de identidad de los Húsares de la Princesa -el valor-, que no les permite retroceder jamás frente al enemigo. Por esta acción será ascendido a Brigadier y nombrado Comandante General de Caballería del Ejército de campaña.

Museo del Ejército

Prosigue de este modo, en su persecución del General Carlista Gómez, acosándole continuamente en su desbandada por la Península, desde Córdoba, Montilla, Ronda, San Roque, Alcaudete, hasta su definitiva derrota que se produce al retirarse por Aranda de Duero al País Vasco. El descanso durará poco, la segunda expedición carlista le va a llevar junto a su regimiento hacia Vitoria donde suceden acciones como la de Arlabán o Barbastro, que determinan de nuevo  la derrota de esta Expedición.

Diego de León con uniforme de Tte. General de Húsares de la Princesa

Asciende a Mariscal de Campo el 9 de noviembre de 1837, no obstante la guerra no le da tregua, en Huerta del Rey efectuará una de sus cargas más brillantes, con tan solo sesenta y nueve tiradores arremete contra nueve escuadrones de caballería. Será Belascoain donde una vez más, planificando meticulosamente la acción, conjugando estrategia, con valor, arrojo y la temeridad e inteligencia que la ciudad de Córdoba ha otorgado siempre a su grandes generales, obtiene una gran victoria en la que nadie creía, que le supondrá  la Gran Cruz de San Fernando.

Es nombrado Comandante General de Caballería del Ejército y Virrey de Navarra pero Belascoain de nuevo es arrebatado por los partidarios carlistas y una vez más conquistado, consiguiendo esta vez el Condado de este título.

Museo del Ejército

Antes de firmarse el Convenio de Vergara el 31 de agosto de 1939, cabe destacar las acciones de Arroniz, de Berrueza, de Allo y Dicastillo, de Cairauqui y del Puerto de Velate, aunque no finaliza con el abrazo entre los Generales Espartero y Maroto su trayectoria de éxitos militares en campaña, destacándose una vez más en el sitio de Morella, principal reducto de los últimos Carlistas que al mando del general Cabrera defienden numantinamente la plaza.

Berga será su última carga en esta Guerra Civil en la que en tan solo  seis años ha conseguido el empleo de Teniente General por méritos de guerra. Tanta gloria y honor suscitará las envidias y celos que junto con las intrigas políticas acabarán en tragedia.

Museo del Ejército

“Sus soldados le amaban, tenía fe en ellos y estos en su General, a quien miraban como la bandera que siempre caminaba por la senda de la gloria”.

El manifiesto de “Mas de las Matas” firmado por el General Espartero, se convierte en el Acta de Alianza entre el poder militar y la revolución del partido progresista, documento que obliga a mostrar el carácter político de nuestro personaje, afín al partido conservador, haciendo patente el recelo que manifiesta públicamente contra esta causa.

Los acontecimientos posteriores y la clara desavenencia con el General Espartero nombrado ya como Regente del Reino, que ha obligado a marchar al exilio a la propia Reina Madre María Cristina, desembocaran en su propio exilio a Francia y el posterior pronunciamiento llevado a cabo el 7  de octubre de 1841.

Grabado de Victor Morelli.

La conspiración que empieza a fraguarse tiene un carácter tanto romántico como político, financiada por la Reina María Cristina desde el exilio y planeada como una acción militar. Se sublevan las provincias del Norte y del Este, Pamplona con el General O’Donnell, Zaragoza con Borso Di Carminatti, Vitoria con Montes de Oca. En Madrid el plan consiste en levantar a diversas unidades militares del Ejército y la Guardia Real. El Regimiento de la Guardia, no se suma a la revuelta tras rechazar las arengas de sus propios oficiales que son relevados del mando, su misión es asaltar el Palacio de Buenavista para capturar al Regente, sometiendo a la “Milicia Nacional”.

Escalera Palacio Real de Madrid

Al Regimiento de Infantería de la Princesa le corresponde raptar en el Palacio Real de Madrid a la Reina niña Isabel II y a su hermana,  sublevándose  en el Cuartel de las Guardias de Corps, al mando del General Manuel Gutiérrez de la Concha, y accede por la Puerta del Príncipe al patio principal de Palacio rompiendo en “vivas”. Acude el General León junto a Dámaso Fulgosio, a representar su papel en la escena, engalanado para la ocasión, pero ni siquiera con su presencia  consiguen vencer la obstinada resistencia de los alabarderos que junto a las tropas de la Milicia Nacional se enfrentan a los pronunciados. Será precisamente el Teniente Coronel Domingo Dulce y Garay, rival en hazañas, meritos y honores con el propio León, el  que como jefe de la sección de los Alabarderos y  fiel custodio de la Reina Isabel II, defiende su consigna como principal deber militar, siendo también responsable del  trágico final de nuestro personaje. Ocho días de vida le quedan al General León.

Eran las tres de la mañana cuando ante la evidencia del fracaso de la empresa, los dos generales Concha y León, atraviesan el campo del Moro con unos cuantos caballos y una compañía de infantería que se dispersan al encontrarse con las fuerzas enemigas, “los soldados quisieron seguir a su general, pero él, los despidió”. No queda sino la fuga, dirección al pueblo de Colmenar Viejo, cuando de madrugada y distante ya de Madrid, se encuentra con una escuadrón de  Húsares de la Princesa, -su antiguo Regimiento- que había salido en su persecución,  el comandante Pedro Laviña, su antiguo ayudante le reconoce y presenta sus respetos, -vamos a Madrid- contesta León entregándose.

Augusto Ferrer Dalmau: General Diego de León

El consejo de guerra le espera, el día 13 se celebra el juicio, el presidente del alto tribunal es el General Capaz, tribunal ante el que de poco sirven los argumentos para su defensa justificando el pronunciamiento a favor de María Cristina de Borbón y en contra del usurpador del reino. Los jueces de León no tuvieron escrúpulos, juzgaban en nombre de un partido, el partido del Gobierno, el gobierno era el General Espartero y éste no mostro clemencia.

La sentencia se leyó el día 14, el amanecer del  15 será el fatídico día, las tropas y el pueblo entero le  lloran en silencio, las últimas palabras las dedica al piquete que le ha de ejecutar y dirigiéndose al General Roncali le dice, “camarada, ¿sabe usted que se me figura que no me han de dar? ¡Son tantas las veces que me han pasado de cerca y no me han acertado!

 

Frente a la Puerta de Toledo, encaminándose al piquete grito:

“NO MUERO COMO TRAIDOR”

“NO TEMBLEIS, -dijo a los granaderos- AL CORAZÓN”.

“La popularidad de Diego de León era grande: militar bravo, torero, generoso, atrayente al bello sexo…..”

 

Bibliografia.

  • La Noche trágica. 7 de octubre de 1841. José Ortega Munilla.
  • Domingo Dulce. Un general Isabelino. Ed. Planeta. Joaquín Buixo de Agaibar
  • Biografia de Diego de Leon de Nicomedes Pastor Díaz.
  • Biografia de Diego de León de Manuel Ovilo y Otero.
  • Memorias de la Condesa de Espoz y Mina.
  • Expediente militar del Tte General D. Diego de León. Archivo militar Ávila.

Diego de León y Navarrete – Guía de Pintura por Roberto Ramírez

Miguel Ángel Pérez

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