PinturaRobert Ramírez

España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura

Hay mucha información, tanto grafica como escrita de estas famosas tropas, pero valga como introducción para mostraros el trabajo de esta pieza, este pequeño texto introductivo.

Para los europeos de su tiempo no hubo sombra de duda: durante más de ciento cincuenta años, entre 1534 y finales del siglo XVII, los tercios españoles fueron las mejores unidades militares del mundo. Tres siglos después de su desaparición, todavía los especialistas de hoy comparan los tercios de infantería española con las legiones romanas y las falanges macedónicas.
Los tercios fueron las grandes unidades de infantería, generalmente española, de los ejércitos del Rey Católico. Eran solo un porcentaje pequeño de los ejércitos multinacionales de los Austrias, pero encarnaban su núcleo duro, la herramienta decisiva que forjaba la victoria o conjuraba las amenazas.

El busto representa a un arcabucero de los Tercios, es una pieza comercializada por la asociación Yelmo de Murcia, fielmente representada en su modelado por Antonio Meseguer, socio y gran modelista de esta asociación. Al mismo tiempo, esta pieza fue seleccionada por consenso entre las distintas asociaciones participantes en el Mundialito de Clubes, como la elegida para participar en la categoría de bustos, dentro de la iniciativa ideada y llevaba a termino por Alabarda, conocida como Mundialito de Clubes, resumidamente se trata de una competición por clubes, grupos, y asociaciones de miniaturistas que compiten pintando las mismas piezas, salvo la original o scratch, que es elegida por la propia asociación. Siendo premiadas la mejor pieza, de cada categoría, así como al mejor display expuesto.

En cuanto al apartado de pintura, he decir, que es una pieza muy atractiva de pintar, dada la personalidad que el rostro refleja, así como por los distintos materiales a reproducir, cuero, tela, carne, madera, etc. en una escala no demasiado grande para los bustos. Lo más interesante del proceso de pintura, fue el coleto de cuero, y la tela del chambergo o sombrero. Para ambas partes, decidí, pintarlas con acrílicos, pero usando la técnica, que habitualmente se utiliza cuando se pintan figura con oleos, es decir, fundir los tonos en fresco. Esta forma de pintar, es igual de valida, que con los oleos, y los resultados son parecidos, y muy gratificantes, lo único que hay que tener en cuenta, es que debido a las propiedades secantes de las pinturas acrílicas, hay que trabajar rápido, y con un planteamiento inicial de colores estudiado. Con esto, pintamos toda la zona con el tono de base que hayamos elegido, a continuación, se humedece con agua la zona a trabajar, y se van depositando los distintos colores tanto de luces como de sombra. Mientras que el conjunto permanece húmedo se van fundiendo los colores en las zonas de luces, y de sombra hasta lograr un degradado definido y suave. Una vez seco este proceso, con tonos intermedios, y ya en forma de veladuras, se van enriqueciendo las partes intermedias de luz y sombra con diversos colores. Para lograr el efecto de texturas a la par que se van fundiendo los colores, se van picoteando la zona, simulando cortes, ajados y pequeños desperfectos.

Roberto Ramírez

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