PinturaRobert Ramírez

Leñador cosaco

Esta es la primera referencia del catálogo de la poco conocida marca Bunker Miniatures que, aún siendo desconocida sorprende por la calidad, muy alta, tanto en modelado como en la resina con la que está hecha la figura.

El gran atractivo para mi gusto de esta figura es, sin duda, su anatomía ya que  la estética general del mercado de figuras es que todas mantengan unos cánones de belleza extrema, o sea, figuras muy estilizadas, altas, musculosas con rostros bellos, simétricamente perfectos… Pues bien, si nos fijamos en nuestra vida cotidiana, lo extraño es precisamente esto, lo normal es que las anatomías sean muy dispares, bajos, alopécicos, gordos, feos, altos, guapos, desproporcionados, brazi-largos, cuellicortos, etc. Por ello esta figura me gustó mucho, precisamente porque representa a una de esas personas normales que conocemos o nos encontramos por la calle.

El modelado es muy fiel a este tipo de cuerpos y han sabido plasmar casi a la perfección los volúmenes de un cuerpo fuerte a la vez que entrado en kilos, es decir, gordo. La caída del pecho y de la barriga así como de los comúnmente conocidos como michelines están muy conseguidos, mientras que los brazos, hombros y parte alta de espalda simulan a una persona con una gran fuerza física, pero no musculoso, conseguida mediante hachazos y esfuerzos físicos típicos de la época y región que representa.

Por otro lado estamos muy acostumbrados en el mundo de las figuras históricas a que la mayoría de las novedades del mercado estén basadas en la historia militar pura, es decir, representando acciones de batallas, uniformes, épocas y diferentes guerras a lo largo y ancho del mundo. Cuando esta figura apareció en el mercado la idea que me forjé en la mente de cómo quería pintarla y ambientarla estaba clara ya que con una simple transformación sobre el brazo derecho que originalmente sujeta un fusil, cambiando la posición del mismo y dotándolo de un hacha,  desmilitariza completamente dicha figura pasando a ser un cosaco civil que anda por el bosque talando árboles, bien para calentarse bien para construir un cabaña con esos troncos.

En cuanto a la pintura siempre que nos enfrentamos a una figura en la que el tanto por ciento de piel es mayor que la de las prendas que lleva, nos inquieta un poco y no tiene porque ser así, simplemente hay que hacerse un esquema de trabajo distinto al que normalmente usamos. Así pues para la gran superficie que ocupa la carne en este caso decidí usar una mezcla más oscura y rojiza de lo normal, de esta forma como el tratamiento de luces es mayor para aclarar el tono de piel inicial no hace falta sombrearla como normalmente haríamos, así pues solo ilumine el color de la forma habitual y no usé sombras puras para completar el proceso, simplemente una vez acabadas las luces mediante tonos y filtros de varios colores, fui velando las zonas de sombras consiguiendo dar riqueza cromática al conjunto y marcando los volúmenes de esta particular anatomía. El trabajo es más largo de lo habitual pero produce unos resultados muy naturales teniendo en cuenta lo que estamos representando. Con la repetición de filtros y pasadas con la pintura tan diluida y por el vinilo que las pinturas contienen adquiere un cierto satinado cosa de la que no nos debemos preocupar, siempre y cuando quede real porque la piel y más después de hacer un esfuerzo físico siempre adquiere un cierto brillo producido por el sudor del momento.

Para terminar de ambientar la figura en la acción que he querido representar basta con que el terreno simule un pequeño bosque con un gran trono que ha empezado a talar, con el suelo salpicado de pequeñas virutas del tronco producidas por los potentes hachazos que nuestro gordoncho protagonista ha propinado al arbol.

Y ya para terminar, os animaría a que alguna vez, bien para vuestra colección o simplemente por cambiar afrontéis un trabajo de este tipo ya que es muy interesante y divertido, pintar una persona normal.

Un saludo.

Roberto Ramírez

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