Alejandro LabourdettePintura

Un vikingo

«Los animales mueren, los amigos mueren, y yo moriré, pero una cosa nunca muere, y es la reputación que dejamos al morir”.
Dicho nórdico, mencionado por Herger;  vikingo del libro El Guerrero nº13.

La innumerable cantidad de fiordos y lagos de Escandinavia con pesca abundante, junto con bosques propicios para la caza y llanuras para el cultivo de cereales favorecieron que desde el siglo V empezaran a desarrollarse comunidades dispersas. Posteriormente, sus contactos con el exterior (comerciales, políticos o simplemente de pillaje) permitieron una mejora en su estructura política y en su cultura fundando las primeras ciudades hacia el siglo VII.

La monarquía sueca fue la primera en instaurarse a principios del siglo VII, Dinamarca hacia finales del siglo VIII ya es un estado independiente y Noruega fue la monarquía escandinava más tardía, no es hasta finales del siglo IX cuando se consolida como reino independiente.

La “Era vikinga” se inicia en el año 793 con el saqueo del monasterio de Lindisfarne y se considera que termina en la batalla de Stamford Bridge en el año 1066, donde muere el Rey Harald y su fallido intento de invasión de Inglaterra.

Durante los siglos IX, X y XI sus barcos surcaron todos los mares y ríos europeos desde el Mediterráneo hasta el Báltico. Supieron expandir su cultura lejos de su tierra originaria. Realizaron incursiones desde la península Ibérica hasta Rusia. Poblaron la península italiana, las islas del mediterráneo y las británicas. Vivieron en Islandia, también en Groenlandia e incluso en Vinlandia, en la actual Canadá.

Los vikingos eran excelentes navegantes y podían recorrer largas distancias con sus barcos, los “drakar”. Un navío largo y estilizado de poco calado, realizado con planchas de roble (tracas) solapadas como las tejas de un tejado. Esta embarcación posee el aparejo necesario para la propulsión a vela y, por lo general, tenía de doce a quince pares de remos para poder desplazarla mediante la fuerza muscular de sus guerreros en caso de escasez de viento. El drakar permite entrar por la desembocadura de los ríos, adentrarse muchos kilómetros lejos de la costa y desembarcar sin necesidad de muelle, incluso en la misma playa. Solían decorar sus drakkars con un gran mascaron de proa, normalmente en forma de cabeza de dragón y lucían llamativas velas cuadradas.

Procuraban navegar sin perder de vista la costa, pero cuando no podía ser se orientaban por la posición y trayectoria del Sol y, por la noche, con las estrellas. No existían las cartas marinas ni las brújulas, por lo que en las vastas extensiones de agua de océanos y mares utilizaban para guiarse el vuelo de las aves (en sus naves llevaban cuervos para orientarse cuando se perdían en alta mar), los vientos, los peces que encontraban e, incluso, la forma de las olas. Poseían un extraordinario sentido de la orientación y eran formidables marineros.

Para construir un drakkar se tallaba la quilla de una pieza, luego se fijaban las cuadernas y se colocaban los tablones, por último se fabricaba la cubierta, las tablas de cubierta estaban sueltas para que los guerreros pudieran guardar debajo sus pertenencias. El centro de la cubierta se reforzaba para alojar el mástil desmontable con la vela cuadrada. En la embarcación el espacio era muy reducido, los escudos colgaban por fuera de la borda mientras que espadas y hachas se llevaban en un cofre a popa del barco denominado fyrrirrum.

El Drakkar mejor conservado fue hallado en 1904 en la granja noruega de Oseberg, actualmente puede admirarse en el museo naval de Oslo. Hacía el año 843 dos mujeres fueron sepultadas en esta ciudad en una extraordinaria nave, una de las mujeres debía haber sido reina o de alto linaje mientras que la otra debía ser su esclava, o sirviente. El barco portaba todo su ajuar: joyas, enseres para la casa, camas completamente vestidas donde fueron depositados los cadáveres, trineos, tapices, un carro de madera muy adornado, numerosos muebles,… e incluso dos bueyes y diez caballos sacrificados. También son buenos ejemplos las naves encontradas en Gokstad (Noruega) y en el fiordo de Roskilde (Dinamarca). El barco de Gokstad (900 aprox.) es el más grande de los barcos vikingos rescatados hasta ahora, mide 23,2 metros de eslora y 5,2 metros de manga, su quilla está construida con una sola pieza de un roble que debía medir, al menos, 25 metros de altura. Hoy día se han hecho reconstrucciones de estas extraordinarias naves y se ha podido comprobar su enorme resistencia a pesar de su gran ligereza. En 1893, una réplica de la nave de Gokstad, hizo el recorrido entre Suecia y Terranova en tan solo 28 días.

Todas las naves se construían de la misma manera, popa y proa indiferenciadas, quilla de una pieza y tracas superpuestas. Aunque con el mismo diseño había embarcaciones diferentes para diferentes usos: navegación costera, remonte de ríos o canales, botes para recorrer lagos, transbordadores para atravesar ríos y fiordos, y, sobre todo, los Knorr para las transacciones comerciales. El Knorr era una nave más ancha que el drakkar, por lo que también eran más lentas, pero resultaban muy útiles para transportar almacenadas las mercancías. El Knorr de Roskilde podía ser tripulado por seis hombres, alcanzaba velocidades medias de 4 nudos (7,5  km/h) y podía transportar 5 toneladas de carga.

 El Busto

Esta pieza es la referencia NB05, The Raider, a escala 1:12 de la marca Nocturna Models. Pertenece a mi buen amigo Luis García, la he pintado con mucho cariño y espero que la disfrute mucho tiempo en su vitrina.

 

Alejandro Labourdette

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