Alabardero Guardia del Cap.Gral. (Filipinas,1886)

18,00

Fabricación/Modelado: Antonio Meseguer
Pintura: Acrílicos
Escala: 54 mm.
Material: Metal Blanco
Kit para montar y pintar
Figura conmemorativa año 2012. Serie «Alabarderos»

Descripción

Alabardero de la Guardia del Capitán General (Filipinas h.1886)

Aproximación al contexto histórico
A finales del más que convulso siglo XIX, España seguía manteniendo a costa de mucho esfuerzo y dinero de las arcas públicas varias posesiones ultramarinas que habían sobrevivido a la vorágine independentista de las primeras décadas del siglo. En el continente americano seguía conservando Cuba y Puerto Rico. Y en Asia, además de pequeñas islas diseminadas por el Pacifico, la verdadera joya eran las islas Filipinas.

España hacia tiempo que era ya una potencia de segundo orden, cuyo momento histórico de conquista y dominio había pasado definitivamente. Un país que seguía siendo eminentemente agrícola, con un sector industrial que se iba imponiendo poco a poco y buscaba su espacio dentro del tejido social, pero todavía demasiado débil en comparación con el resto de países occidentales.

Por si eso fuera poco, España seguía recuperándose de dos guerras fratricidas por los derechos dinásticos. Las guerras carlistas arruinaron y empobrecieron los avances que se habían conseguido en décadas de paz. La última guerra carlista hacía poco que había terminado y sus consecuencias todavía se notaban en la sociedad española.

Ante esta agónica situación, las potencias europeas, Inglaterra, Francia y la emergente Alemania se disputaban el control de los nuevos territorios en el continente africano y asiático. Apoyadas en dos puntos fundamentales: una fuerte industrialización y con ello una Marina capaz de estar presente en cualquier punto del planeta.

Aún a pesar de este panorama, España no se resignaba a seguir influyendo en sus posesiones y la de aspirar a poseer nuevos territorios con las que conseguir mantenerse entre las potencias europeas.

La población veía estas colonias y su mantenimiento dentro del organigrama administrativo del país con cierto orgullo, pero también con el sufrimiento periódico que conllevaba su mantenimiento: impuestos y hombres para mantener el ejército ultramarino.

A diferencia de la isla de Cuba, dónde se desarrolló un vigoroso entramado comercial y empresarial que dinamizó el comercio de azúcar, tabaco, especias….tanto a la metrópoli como a otros países del mundo, consiguiendo con ello la creación de una influyente oligarquía de ricos terratenientes, las islas Filipinas eran un caso muy diferente.

Su economía se basaba en una agricultura de supervivencia para los habitantes del país y sólo el comercio de mercancías de lujo autóctonas o como intermediarios con otros países (en especial China) conseguía dinamizar ligeramente la sociedad del país.

La mayoría de la población, aunque entendía el idioma español utilizaba dialectos locales para su vida diaria, en especial el tagalo y nunca se consiguió unificar el país en este aspecto. Además de que las belicosas islas del sur del archipiélago filipino seguían siendo un territorio hostil, no del todo asimiladas ni a la cultura filipina ni española y que mantenían en la piratería su forma de vida.

Se puede decir, sin exagerar, que el mantenimiento de la idea de España en aquellas islas no se debía al dominio militar, sino a la labor de los sacerdotes y misioneros españoles que propagaron la doctrina católica y la idea de país entre los indígenas tagalos. Actuando los sacerdotes como intermediarios entre la población y la siempre distante administración española en las islas.

Los funcionarios españoles, tanto civiles como militares raramente aprendían el tagalo, provocando que esa distancia se acentuara todavía más y dando origen a los tímidos conatos de independencia que desde la década de los setenta se habían ido produciendo.

El Ejército Español en Filipinas
El tratar de una forma minuciosa la organización que el Ejército Español mantenía en estas islas es algo que se escapa a la brevedad de esta introducción.
En la época que estamos tratando el Ejército español en Filipinas se componía de los siguientes regimientos de Infantería:

  • España nº 1
  • Iberia nº 2
  • Magallanes nº 3
  • Mindanao nº 4
  • Visayas nº 5
  • Joló nº 6
  • Manila nº7

Al mando de estos Regimientos estaba un Teniente Coronel. Cada uno de estos regimientos estaba formado por seis compañías Estas compañías la formaban en la oficialidad un Capitán, dos Tenientes y dos Alféreces siempre de origen español. La suboficialidad estaba formada por: un Sargento 1º (peninsular o indígena), cuatro Sargentos 2º (europeos) y un sargento 2º (indígena). Cuatro cabos 1º (peninsular), tres Cabos 1º (indígenas), cinco Cabos 2º (indígenas). La tropa lo componían 106 soldados, todos nativos del país.

En cuanto a Caballería en esta época existía un solo Escuadrón, encuadrado en la denominación de Lanceros de Filipinas. Esta escasez de tropa a caballo se explica dadas las características del terreno filipino, dominado por selvas y montañas, en los que la tropa a caballo difícilmente podía hacer bien su misión. Este escuadrón lo formaban 165 hombres, incluidos veterinarios, profesores de equitación, silleros, forjadores y herradores.

La Artillería sufrió diversos cambios en fechas anteriores a la que nos ocupa, sobre todo en 1872 que fue disuelto el arma a causa del motín del personal indígena en Cavite. Así ese mismo año se creó un nuevo Regimiento de Artillería formado exclusivamente por españoles que había de contar con dos Batallones de a seis Compañías cada uno, una de las cuales había de ser de montaña.

Más tarde se autorizó que hubiera 100 plazas para indígenas, pero en tareas secundarias, tales como música, educandos y obreros.

El cuerpo de Ingenieros también tuvo presencia en las islas Filipinas desde su colonización, dada la necesidad de fortificar la zona y la construcción de todo tipo de viviendas para uso militar y civil. En el siglo XVIII se organiza de manera formal en las islas dotado de una Plana Mayor facultativa y Compañías de Obreros.

Los ingenieros tuvieron que hacer frente en Filipinas a cantidad de retos desconocidos en la península, tanto en la forma de construir, como los materiales empleados y en especial a la siempre escasa cantidad de los mismos en el archipiélago, lo cual producía una ralentización en las obras y fortificaciones.

Como podemos ver, el Ejército español en Filipinas era compuesto en gran medida por personal del país, estando reservada la oficialidad y parte de la suboficialidad a personal de origen español. Los cuales raramente se quedaban de forma permanente en las islas, sino que pasado el compromiso de servicio en colonias volvían a reintegrarse en su Regimiento en España.

Los soldados indígenas, llegados al cuartel desde lejanas regiones, campesinos en el mayor de los casos no se les instruía con facilidad. Necesitaba ordenes simples y carecían de iniciativa propia, pero al igual que el personal indígena de otras zonas bajo dominio español, si los superiores le daban ejemplo, estos lo seguían a donde fuera.
Siempre hubo problemas con la disciplina en el interior de los cuarteles, dado que la tropa indígena no entendía las rígidas normas de conducta. Estos solían marcharse del cuartel cuando les parecía bien y volver a su casa. Los correctivos tampoco fueron tan estrictos como en la península.

En lo referente a uniformidad, en las islas Filipinas, al igual que otros dominios ultramarinos de España, siempre se siguió las ordenanzas establecidas en la península, aunque siempre ajustada a las condiciones típicas del lugar y sobre todo a la lejanía física que siempre hacía que estas órdenes se cumplieran con más retraso.

En el caso de Filipinas se usó preferentemente el mahón y la cotonía, para las prendas de color crudo o blanco y el gingón para las de tono azul.

Fue en Filipinas dónde se empezó a utilizar prendas de cabeza más ligeras y transpirables que los pesados morriones y roses de origen español. Los primitivos capacetes de bejuco dieron paso a los primeros salacots.

Alabardero de la Guardia del Capitán General

Las islas Filipinas desde su conquista estuvieron al mando de un Capitán General del Ejército, el cual tenía amplias funciones tanto de Gobernador militar como civil, recibiendo durante un tiempo la denominación de Virrey. Dada la importancia y dignidad del cargo no es de extrañar que se contara con una guardia personal con funciones similares a las que tenía el Real Cuerpo de Alabarderos en la Península.

Pero esta guardia no era de reciente formación, ya que en 1590 se formaba en Filipinas la Guardia de Alabarderos del Real Sello, cuya función era la custodia de las Casas Reales de Manila, lugar de trabajo y vivienda oficial del Gobernador y Capitán General de las Filipinas.

Por Real Cédula de 1691 se le encomendaba la custodia y decoro del Capitán General de las Islas, no participando en campaña ni acciones militares, quedando como Cuerpo Palatino, característico de los Alabarderos.

Así, en 1797 la Compañía estaba compuesta por un Capitán, un Cabo y dieciséis Alabarderos.

Sin embargo en 1867 es disuelta esta Guardia de Alabarderos del Real Sello y dados los distintos sucesos políticos y militares ocurridos en España no es hasta 1874 que el Gobierno de entonces con fecha 1 de Noviembre dispone que de los Regimientos peninsulares de la isla se saque una sección para prestar servicio a la persona del Capitán General y que había de estar compuesta por:

  • 1 Teniente
  • 1 Sargento 2º
  • 2 Cabos 1º
  • 2 Cabos 2º
  • 20 Soldados

Sus funciones eran principalmente la de dar escolta al Capitán General de Filipinas en actos públicos y de Iglesia en los días del Rey, Reina, Príncipe y Princesa de Asturias. Así como la guarda del edificio de residencia del Gobernador.

 

En cuanto al armamento estos Alabarderos usaban la típica alabarda que les daba nombre, pero con la particularidad de que esta era con las dos hojas completamente caladas y abiertas formando motivos vegetales, según un arma de este tipo que se conserva en una colección publica.

La espada es la modelo 1848 que utilizaba el cuerpo de Alabarderos.


La figura

Esta figura se ha representado a escala de 54 mm, como un Guardia Alabardero sacado de uno de los Regimientos de Artillería estacionados en Filipinas.

Para la composición del uniforme de la figura nos hemos basado íntegramente en una lámina que el genial pintor militar José Cusachs realizó en 1889. Esta es la única representación gráfica que hemos encontrado de estos Alabarderos.

En ella aparecen de forma clara todos y cada uno de los detalles que luego se han plasmado en la figura.

Para la decoración de la misma nos hemos de guiar por la fidelidad histórica, representada por Cusachs, que al fin y al cabo plasmó lo recogido en el Reglamento de 15 de noviembre de 1884, que decía que: “la guerrera ha de ser de paño o tela muy ligera de color azul tina”. Sin embargo, por disposición de la Capitanía General de 8 de Junio de 1885 se autoriza a los Jefes y Oficiales de todas las armas y la de Artillería en particular a usar “una guerrera de hilo o algodón blanco con las bocamangas, cuello y hombreras de color grana, las bombas del cuello serán de metal dorado. Así mismo se usará con pantalón blanco o del color oscuro que use el Cuerpo con franja grana partida”.
Boceto Antonio Meseguer

En el caso de la Artillería este pantalón oscuro era de color azul, por lo que es posible fuera utilizado en estos actos indistintamente con el de color blanco.

Boceto Antonio Meseguer

Estas prendas se siguieron utilizando para estos actos hasta el año 1898.
El capacete de artillería era de fieltro charolado de blanco, barboquejo de cadenilla, el emblema del Arma formado por dos cañones con una bomba en la parte inferior y corona en la superior, detrás de esta va la escarapela. En la parte superior lleva un perno metálico de 70 mm.

Boceto Antonio Meseguer

El cinturón blanco, con el distintivo de artillería en la hebilla, al igual que los regimientos de la península.

Nuestro alabardero además lleva dos medallas conseguidas en las campañas filipinas. La Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo y la medalla concedida por la Campaña de Joló de 1874.

Que esta figura sirva como sincero homenaje de respeto y admiración a todos los hombres que cumplieron con su deber tan lejos de España.

Guía de Pintura

Este año mis compañeros y socios de Alabarda, decidieron bajo mi consentimiento, que fuera yo el que pintara la figura conmemorativa anual, el Alabardero en Filipinas. Pienso que tampoco se tuvieron que sentar a deliberar dicha decisión por muchas horas, ya que el color mayoritario de este uniforme es blanco y pensaron que como a míi me gusta especialmente trabajar dicho color y parece que no me queda mal (y si, ya no me quedan abuelas), no tuvieron mucho que hablar, bastaron 5 minutos….., y 2 segundos por mi parte en aceptar.

Cuando en una de nuestras semanales reuniones estuvimos viendo juntos la decoración, documentación, y aspectos generales, caímos en la cuenta que podría tener una segunda decoración completamente lícita y documentada, que podría dotar al conjunto general más vistosidad y variedad, con el simple cambio de color sobre los pantalones, de blanco a azul.

Pues bien después de recoger las dos figuras, y repasar como es habitual la inevitable pero en este caso mínima línea de molde, opte como siempre, en montar la figura por completo a falta de la propia alabarda, y del espadín. La elección de montar por completo los brazos al principio del proceso se antoja mas que caprichosa, necesaria, ya que aunque pensemos que no vamos a poder pintar bien el rostro o la parte interior entre los brazos y el torso, es simplemente una sensación, ya que se puede pintar sin mayores problemas, y con esto hacemos que se esfumen por completo y no nos acompañen en todo el proceso de pintura, los fantasmas de tener que montar los brazos al final, con el riesgo que conlleva, pegamento vistoso, descascarillados traidores, y retoques imposibles.

Una vez imprimadas las dos figuras me puse a pintarlas a “pares”, me explico, desde las punta del capacete hasta la cintura las dos figuras han sido pintadas al mismo tiempo, de este modo “industrial” aprovechamos tanto las mezclas, como rentabilizamos el tiempo ya que se van decorando los mismos volúmenes, y se consiguen dos gemelas, de tal modo que no tenemos que ir terminando una con la presión de empezar la otra, simplemente vamos cogiendo una dejando otra, y la única complicación que da es que las sesiones de pintura son el doble, y parece que no cunda el tiempo de las mismas con el resultado que vamos obteniendo. Seguro que los que mejor comprenden este peculiar sistema, sean los padres de gemelos, mellizos, o mas………..

Y bueno una vez explicado el sistema que he seguido para su decoración os hablaré un poco de la propia pintura, quizá con el propósito de alojar algo de luz sobre ese temeroso color que es el blanco, que en hacer un disección completa pieza por pieza de mezclas, luces, sombras, tonos, etc.

La máxima que tenemos que tener en cuenta cuando nos enfrentemos a una superficie grande que tengamos que pintar en color blanco, es que no tenemos que tener prisa en terminarla en cuatro pasadas y dos luces, es decir, hay que dedicarle como a los buenos caldos, su tiempo. Debemos empezar teniendo en cuenta que tipo de blanco queremos representar, ya que con la mezcla inicial, comienza para bien o para mal, la total decoración de este color. En este caso, y por la propia naturaleza y clima de donde se encuentra nuestro protagonista, estaba claro que había que utilizar un blanco sucio y calido. En otros casos vendrá mejor un tono mas frío, más limpio o ambas, las combinaciones estarán rejídas primero por la propia figura y segundo por nuestra interpretación personal y artística de este color. Otro detalle importante, y que se tiene que tener en cuenta, es que al tener tres partes diferenciadas y con gran superficie, como son, el capacete, el pantalón y la chaqueta por tanto dentro de la decoración única en blanco tiene que haber ciertas diferencias en estas partes, para que precisamente debido a la sobriedad de este color, tenga cierta atractivo hacia el espectador, con estas premisas en cuenta podemos empezar a pintar.

Hay que usar una mezcla similar para todas las partes, es decir, tiene que haber un color primordial en la mezcla, otro que de tono al principal y un último que sirva para oscurecer. Para la chaqueta he usado Lodo Claro (principal), Amarillo Desierto (tono) y Negro (lógicamente, oscuridad), para el pantalón Gris Medio (P.), Gris Kaki (T.) y Negro (O.) y para el capacete o salacot. usé el num. 5 del set Andrea para blancos (P.), Amarillo Desierto (T.), no utilice un color de oscuridad puesto que dicho tono de Andrea, ya es bastante oscuro y solo con el tono, es suficiente.

En el paso siguiente, la iluminación, son también tres tonos o pasos añadidos a la base, un primer color empiece a iluminar y pierda un poco la viveza del tono base, otro intermedio que ilumine pero que también aporte color al proceso, y por ultimo un tono muy claro o luminoso, que termine de marcar las zonas de máxima luz, y contraste con el proceso de iluminación. Por tanto, para la chaqueta los colores son Marrón Cubierta (1º), Base Set Blancos (2º) y Gris Plateado (3º), para el pantalón Gris Piedra (1º), Marrón Cubierta (2º) y Hueso y para el capacete, directamente seguí con los botes marcados como iluminación del set de Blancos, ya que no es una superficie grande, y para estas partes, dicho sets, son muy útiles.

Por último, el sombreado, en esta parte y teniendo en cuenta que ya hay muchos colores que influyen tanto en la mezcla inicial como en la iluminación, y que si se han seguido bien los pasos y aplicaciones, ya tendremos bastante contrastado nuestras zonas pintadas bastaran un par de colores, a veces uno solamente, para finalizar la pintura del tan temido color blanco con el simple propósito de marcas los volúmenes en sombra. Así pues para la chaqueta utilicé, Gris Kaki y Marrón Oliva, en el pantalón, Marrón Oliva únicamente, en el capacete es suficiente añadir un poquito de negro, para perfilar y pintar las divisiones del mismo, que para sombrear puramente dicho.

Bueno, pues habiendo visto en profundidad la manera en que planteo la decoración de este color desde el punto de vista de pinturas, y mezclas, ahora toca el tema de aplicaciones y diluciones. Como he dicho al principio, al color blanco hay que darle su tiempo, cono esto me refiero a que así como otros colores admiten digamos unas transiciones más bruscas, como en el caso de la versión con el pantalón azul, en la versión “blanca” y en general para el color blanco, hay que armarse de valor e ir añadiendo poco a poco los colores a la mezcla en porciones pequeñas, que cambien el tono que tengamos en el pocillo, pero sin exagerar e ir dando pasadas por los volúmenes hasta que el color que tengamos en el pocillo lo veamos depositado en la figura, digo esto, que parece muy lógico y evidente, porque la pintura blanca suele ser muy transparente y si encima le añadimos su agua necesaria para pintar, hay que dar varias pasadas y dejar secar muy bien para que se note el resultado. De este modo procederemos también con las sombras, pero diluyendo más, puesto que al ser una superficie tan clara, las sombras si no se aplican más diluidas y con trazos mas controladas nos pueden marcar demasiado, y arruinar todo el laborioso trabajo anterior.

Por último, y para acabar, hacer una pequeña reseña en que la base se aplica de igual manera que para cualquier color, y que aun con todo el proceso de pintura, también podemos añadir un pequeño nivel más, en ciertas partes de las superficies mas grandes, realizando un tono en zonas intermedias, para acentuar aun más el tono general del color en función de lo que buscábamos en un principio. En este caso, yo he usado directamente el Gris Kaki, muy, muy, diluido, casi agua manchada, y dando pasadas para ver poco a poco como se van marcando esas ligeras veladuras, aplicadas en la partes medias de los pantalones, y parte trasera de la chaqueta, desde la zona media hasta la zona lumbar.

Espero que este texto sirva para que se pierda poco a poco el miedo a este color, y que aclare las dudas de aquellos que quieran pintar su versión de nuestro Alabardero completamente en blanco.

Quisiera agradecer la confianza que me han brindado mis compañeros de Alabarda, al dejarme pintar estas versiones, y también un especial agradecimiento a Antonio Meseguer por sus sensacional modelado y a Fco Javier Fernández, el trabajo perfecto y meticuloso que ha hecho en el labrado de la alabarda.

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CUADRO COLORES

Carne

  • Pardo Medio + Rojo + Azul Marina Oscuro + Uniforme Inglés.
  • Luces: Base + Rojo Beige + Carne Dorada + Carne Base.
  • Sombras: Uniforme Ingles + Escarlata + Cadmio Marrón + Rojo Cadmio Tostado.

Pelo

  • Sombra Tostada + Negro Mate.
  • Luces: Base + Sombra Tostada + Carne Dorada
  • Sombras: Negro Mate.

Capacete

  •  Set Blancos num. 5º + Amarillo Desierto.
  • Luces: Base + Set Blancos.
  • Sombras: Gris Kaki + Marrón Oliva.

Chaqueta

  • Lodo Claro + Amarillo Desierto + Negro Mate.
  • Luces: Base + Marrón Cubierta + Set Blancos num. 1º + Gris Plateado.
  • Sombras: Gris Kaki + Marrón Oliva.

Cuello, Bocamangas, Galones:

  • Marrón Rojo
  • Luces: Base + Escarlata 817 + Naranja Intenso.
  • Sombras: Marrón Rojizo.

Pantalón Blanco

  • Gris Medio + Amarillo Desierto + Negro Mate
  • Luces: Base + Marrón Cubierta + Hueso
  • Sombras: Marrón Oliva.

Pantalón Azul

  • Azul Prusia + Periscopios + Negro Mate.
  • Luces: Base + Periscopios + Turquesa + Carne Medio
  • Sombras: Base + Negro Mate.

© Robert Ramírez, Junio 2012