FIGURAS CONMEMORATIVAS











































































































































































































































































































































































































































































































































ALABARDERO DE CARLOS II (España-1665)
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EL EJÉRCITO DE CARLOS II

TROPAS DE LA CASA REAL

Guardias Española y Tudesca

Una corte despedazada por interminables intrigas, un gobierno debilitado por la corrupción de sus actos y un monarca desdichado, juguete de tan violentas borrascas, no eran causas ciertamente favorables para que en las altas regiones del Estado se prestase el menor cuidado, no ya a mejorar y dar brillo a la fuerza destinada a la inmediata custodia del Rey, sino que así siquiera a las necesidades más perentorias de los cuerpos que la componían y a evitar su total ruina y extinción.


Los Estados Europeos de Carlos II

El completo abandono que en lo referente a la manutención y sostenimiento del ejército, alcanzó de un modo vergonzoso a la Guardia interior de Palacio, hasta el punto de que según consta en documentos que lo comprueban, llegaron los militares que en ella servían al extremo de no atreverse a presentarse en público por ir cubiertos de andrajos y carecer, faltos de haberes, hasta de lo más preciso para su sustento; y si esto acontecía en cuestión de tamaña trascendencia que podía ocasionar la desaparición de la Guardia, por falta de quien se conformase a arrastrar semejante privaciones y desdoro, fácilmente se comprende el ningún cuidado que se dedicaría a la organización de aquellos nuevos, y que por lo tanto seguirían, como quiera que fuese, con la misma constitución de sus compañías existentes en los reinados anteriores. Así pues, tanto las Guardias Amarilla y Blanca, o sea, la española y tudesca, como los Estradiotes y Archeros de la Cuchilla, conocidas ambas en esta época con la denominación común de Guardia de la Lancilla, subsistieron con leves alteraciones en su personal, debido a las indicadas causas; constando aquellas compañías de cien alabarderos cada una, y éstas, de 50 plazas montadas la de Estradiotes y ciento la de los Archeros, todas con la oficialidad, Jefes y sirvientes de Plana Mayor que anteriormente tenían señalados y con el servicio que las de caballería hacían respectivamente a pie y a caballo, interior o exterior en Palacio, según venían practicándolo desde primitiva creación.

En cuanto a las prendas de vestuario y al armamento, conservaron las que tenían en el anterior reinado, con la variación en los primeros del sombrero Chambergo entrefino de Alcántara, con plumas encarnada, amarilla y blanca; Juste-Corps o casaca a la francesa (Esta casaca, se la conocía con el nombre de Chamberga porque era imitación de la que las tropas de Schomberg utilizaban en Portugal), guarnecida con franjas de Casa Real en la infantería e iguales con alamares además, en la caballería; guantes con manopla, corbateas de bocadillo, y jubones blancos de bombasi o de lienzo para debajo de las casacas, constituyendo la variante en las armas, el mismo sombrero en lugar del capacete de hierro en la caballería, la supresión del coselete en este instituto y en las alabardas de la infantería, cuya asta estaba adornada con dobles borlones y tiras de seda amarilla sobre un forro de terciopelo o de paño carmesí.


Carlos II

Los coletos de ante, gregüescos de terciopelo carmesí, medias amarillas para la guardia española y encarnada para la tudesca, con los colores distintivos de ambas en las demás prendas del vestuario, así como las botas altas en la caballería; los tahalies en bandolera, y las espadas y dagas de empuñaduras y remates dorados, que toda la Guardia había recibido en tiempo de Felipe IV, las usaron en el presente; y las banderolas y mangas de tafetán que usaban los Estradiotes, vinieron a ser el adorno de las cuchillas de los Archeros conservando ambas compañías las sillas de los caballos que también eran de terciopelo de los colores del uniforme.

Tropas de la Casa Real. Regimiento de la Guardia

A imitación de lo verificado en el reinado anterior, pensó la Regencia, durante la menor edad de Carlos II en crear una fuerza elegida, que así como la que con el nombre de Regimiento de Guardias del Rey, sirvió de freno en tiempo de Felipe IV a los desórdenes de los descontentos y de modelo de valor y disciplina a todo el ejército, fuese ésta otro valladar contra los ambiciosos designios de Don Juan de Austria, y un cuerpo brillante en que pudiesen tener colocación tantos jefes y oficiales de merito como habían quedado sin destino a consecuencia de la reforma llevada a cabo en la infantería en 1668.

Al efecto, en el siguiente año 1669, se dieron las órdenes convenientes para la formación de un Regimiento de Guardias de Infantería, después de haber sido examinado y aprobado por el Consejo de Guerra el proyecto de creación; y en su virtud fue organizado aquél bajo el pie de catorce compañías compuestas cada una de 150 mosqueteros, con igual número de piqueros, mandados por otros tantos oficiales, como los que había en cada tercio de infantería del ejército, y el todo del Regimiento por un Coronel, un Teniente Coronel, un Sargento Mayor y demás oficiales y sirvientes de Plana Mayor que en aquellos otros cuerpos.

A propuesta del Marqués de Buscayolo diese a este cuerpo el uniforme amarillo, consistente en casacas de paño de dicho color, guarnecidas de franjas de la Casa Real escaqueadas de blanco y encarnado, gregüescos de los mismos sin franjas, medias encarnadas, zapatos de baqueta de Moscovia de cuatro suelas y el sombrero Schombergo con pluma roja para los mosqueteros, completando el vestuario el guante de ante con manopla; un jubón de bombasi para debajo de la casaca, y la corbata de bocadillo. Por armamento según el proyecto de creación, recibieron los coseletes, picas de veintisiete palmos de largo en el asta, con borla y moharra; y los mosqueteros, mosquetes de 25 libras de calibre antiguo y marca vizcaí-na; usando estos y aquellos espada de taza y gavilanes pendiente del tahalí, sarta de tiros y frascos de carga y cebo.

Pero si grande fue la resistencia que se opuso a la creación del Regimiento de Guardia de Felipe IV, mayor y de peores consecuencias la encontraron el pensamiento y realización del que nos vamos ocupando; porque si la mayor energía del gobierno de aquel Monarca, la gran base que para la regeneración y disciplina de todo el ejército ofreció el regimiento mandado por el Conde Duque de Olivares y los relevantes servicios y excelente conducta de aquellos soldados no fueron suficientes para detener a sus adversarios en el engaño de hacerle desaparecer, como al fin lo consiguieron, nada más natural sino que el segundo cuerpo creado a imitación del primero careciendo de ciertas circunstancias ventajosas que reunía éste, se hizo que tuviese un nacimiento endeble y arrastrase una existencia difícil y llena de contrariedades y como las ideas de odio y de animadversión a cuanto oponer se pueda a la consecución de miras bastardas se filtran prodigiosamente hasta las últimas capas sociales, la inquina vertida contra el Regimiento de Guardias de Infantería de Carlos II entre el populacho de Madrid, dio lugar a repetidas colisiones entre paisanos y los Guardias, en términos de que éstos fueron destinados de cantón fijo al pueblo de Getafe.

Estas y otras parecidas causas suscitadas siempre por el inquieto y turbulento Don Juan de Austria, le sirvieron de pretexto para conseguir en cuanto se hubo apoderado de la voluntad del Rey, que el Regimiento de infantería de la Guardia saliese inmediatamente para Alicante, como lo verifico el 28 de marzo de 1677, embarcándose en dicho puerto para Sicilia reducido ya a tercio ordinario, y para que al poco tiempo se dictase su extinción y amalgamadura en los cuerpos del ejército de Italia, destruyéndolo así hasta el último vestigio de su existencia.

Extinguido el Regimiento de Guardias de infantería pensó Carlos II en formar otro cuerpo de Casa Real y al efecto decretó el 27 de diciembre de 1697 la creación de un regimiento de caballería compuesto de lo más aguerrido y aventajado de esta arma, al cual se le concedieron nombre, fuero y prerrogativas de Guardia Real, siendo organizado en veintidós compañías de treinta hombres montados cada uno, con la misma oficialidad en estos, y jefes en todo el regimiento, que en los demás de este instituto en el ejército, y reuniendo una fuerza de seiscientos sesenta jinetes de la clase de tropa.


Carlos II

Vistió este regimiento el mismo uniforme que había usado el de infantería a excepción de las prendas peculiares a la caballería; y por lo tanto llevaron los oficiales y soldados, bacinete de botas altas de cuero de vaca y pistolas en vez del sombrero schombergo, de las medias y zapatos, y de los mosquetes y picas que tuvieron los de infantería; y la circunstancia de haber sido creado tres años antes de fallecer Carlos II y de desaparecer con este cuantos compusieron su Corte, debió acaso aquel cuerpo la conservación de su coexistencia hasta el reinado siguiente que sirvió de base para la formación de la nueva guardia a caballo.

Infantería Tercios Provinciales

Las poderosas causas que en el reinado de Carlos II impidieron que el arte de la guerra ensanchase su dominio, no evitaron que en la organización de las tropas se realizasen algunas mejoras que aunque escasas, fueron de reconocida utilidad.

En medio de la inercia y de la mala fe con que se entorpecía el perfecto cumplimiento de aquellas medidas; a pesar del despilfarro y abusivo modo que había de administrar los fondos del Erario, especialmente los destinados al sostenimiento de las tropas no obstante el pésimo sistema adoptado para las campañas que sostenían nuestros soldados; sin embargo del estado de constante miseria en que se los tenía sumidos, y del frecuente cambio de Generales en los diversos cuerpos de ejército que militaban dentro y fuera de España, hubo un pensamiento fecundo que regeneró en parte la fuerza armada en la Península y contuvo las consecuencias ineludibles de tamaños abusos, evitando los progresos de la indisciplina y de la desorganización. Esta idea salvadora realizada empero a despecho de la inercia y de la perfidia, fue la que, en virtud de propuesta hecha en 1664 por Don Lope de los Ríos, prevaleció al fin, creándose en 1667 cinco tercios provinciales permanentes; y aunque el precario estado a que estos soldados se vieron reducidos en un principio, produjo la deserción de muchos de ellos hasta no contarse más que dos mil ciento veintidós hombres de fuerza efectiva, se procuró a toda costa corregir esta pérdida aumentando en 1668 el número de dichos tercios con el que acababa de ser de la Guardia con el título de Regimiento del Rey, que tomó el nombre de provincial de Sevilla.


Carlos II sujetado en el Mundo

Recuperaron toda su fuerza los cinco tercios existentes y así continuaron hasta 1686 en que habiéndose verificado la reforma del ejército, indicados por el Gobernador Capitán General de los Países Bajos y vuelto a padecer aquellos cuerpos iguales privaciones que los que sufrían las demás tropas en Italia, Flandes y España, fue preciso dictar otras disposiciones encaminadas a mejorar la situación de los provinciales, a perfeccionar su organización y a metodizar la administración de sus fondos; disponiendo en 1693 que los cinco tercios peninsulares constasen de mil plazas cada uno, divididos en quince compañías de a sesenta y seis hombres, inclusa la de Maestre de Campo, con igual número de jefes y oficiales que antes tenían para las Planas Mayores de cuerpo y de compañía. Restableciérase al mismo tiempo las reglas que para las milicias provinciales había dado Felipe II, y se decidió que el reclutamiento no fuese por quintas, como por primera vez se había propuesto, ni por levas voluntarias, sino por la gamarra de los árabes, no obstante haber sido anteriormente desechado el sistema de reemplazo.

Mejorado algún tanto por estos medios la constitución de la infantería peninsular, mándose en 1694 que ésta fuese armada por terceras partes, siendo una de mosqueteros, otra de arcabuceros y otra de piqueros y como anteriormente se había dispuesto la creación de las compañías de granaderos al uso de los ejércitos extranjeros, armados con fusiles y bayonetas, se ordeno que el ejército de Cataluña constase de seis tercios provinciales de a mil doscientas plazas cada uno, que sus compañías de granaderos llevasen arcabuz con bayoneta y que sobre los cinco anteriores tercios existentes se formasen diez mas con igual fuerza y organización que los primeros y un color distintivo para el uniforme de cada uno en todos ellos.

TERCIOS VIEJOS
NOMBRE CASACA DIVISA
Sevilla Morado Encarnado
Valladolid Verde Blanco
Burgos Amarillo Blanco
Toledo Azul Blanco
Madrid Encarnado Azul

TERCIOS NUEVOS
NOMBRE CASACA DIVISA
Burgos Azul Turqí Rojo
Valladolid Verde Verde Botella
Cuenca Verde Botella
León Amarillo Azul
Sevilla Rojo
Gibraltar Color Fuego Blanco
Jaén Pelo de Rata Azul/Verde
Toledo Morado
Segovia Plateado Blanco

Aunque continuaron en uso las mismas armas de fuego y blancas que en el reinado anterior, se introdujeron también las de chispa o rastrillo llamadas fusiles o escopetas largas y las bayonetas para éstas; cuya arma corta llevaban los arcabuceros en una vaina de cuero sujeta al cinto, cuando no iba armada en el arcabuz, en vez de la espada. Estos soldados usaban a veces el fusil por lo cual siempre lo llevaban; subsistiendo en estos y en aquellos la costumbre de tener sarta de tiros, frascos, polvorines, bolsas, horquillas y mechas, así como en los coseletes la de usar picas y espadas de taza colgados del bredicú en bandolera en vez del talabarte antiguo.

El vestuario para los mosqueteros y arcabuceros se compuso de sombrero blanco Schombergo con pluma, corbata de Colonia, juste-corps o casaca a la francesa con grandes vueltas en las mangas y solapas de alto abajo en los delanteros, con bolsillos de tres ojales en los costados; gregüescos, cacetas y zapatos con lazo como los que se usaban en el reinado anterior, y para los piqueros, las mismas prendas más el bacinete y el coselete sin guardabrazos y sí solo con el peto y el espaldar; figurando entre los antedichas prendas señaladas en estos reglamentos, un par de alpargatas para cada soldado, que debían usar cuando iban de marcha.

Caballería y Dragones

Aún en medio del abandono y vergonzosa penuria en que se tenía a las tropas, se había atendido en este reinado a la organización del ejército, introduciendo en las innovaciones útiles que le hicieron marchar hacia los adelantos que en el arte militar iban realizando las demás naciones de Europa; y así fue, que a la vez que en la infantería se crearon las compañías de granaderos y se adoptaron las armas de rastrillo y cazoleta con la bayoneta de cubo y anillo, dando a los cuerpos provinciales la forma ventajosa establecida por Felipe II, la fuerza de caballería se dividió, por primera vez, en brigadas, por los años de 1668 y siguientes; formándose nueve de ellas en los Países Bajos mandadas por Brigadieres, cuyo empleo se creó expresamente con categoría y poderes mayores que las de los Maestres de Campo que no fueron ascendidos a dicho empleo, aunque tuviesen más antigüedad que aquellos.


Retrato de Carlos II

Cada una de estas brigadas se componía de dos o tres trozos o regimientos según la fuerza de éstos, que a su vez tenían uno o dos escuadrones, y todos, doce compañías de a cincuenta plazas; pero estos contingentes sufrieron mucha disminución, puesto que de una revista, que de Real Orden paso el Gobernador General de aquellos estados a la caballería de aquel ejército, resultó que los ocho trozos españoles solo tenían efectivo de mil ciento ochenta y dos caballos, mil novecientos setenta y seis los quince trozos walones, y mil trescientos veinticuatro los nueve regimientos alemanes.

Disposiciones posteriores en el mismo año 1668, variaron el número de las compañías en cada trozo peninsular a seis y a siete, con setenta plazas para los de los Comisarios Generales, y cuarenta y cinco montados con cinco desmontados para los sencillos; introduciéndose para algunos tercios en 1692 la innovación de darles nombres fijos y terminando en 1698, después de la paz de Riswich, por la formación definitiva de nueve trozos de a ocho compañías de a cincuenta plazas cada una. Los cuerpos de Dragones no participaron de estas reformas y continuaron con la organización que recibieron al ser creados; si bien el monarca atendió a su mayor fomento en términos, que en 1677 mando formar un nuevo tercio en Barcelona, y que al descender al sepulcro, dejo existentes tres de dichos cuerpos en la Península, tres en el Milanés y otros tres en los Países Bajos.

Las Planas Mayores de tercio y de compañía siguieron bajo la planta que antes tenían y sólo en Dragones se renovaban cada seis años todos los oficiales de las compañías especialmente los subalternos; continuaron las compañías siendo unas de corazas y otras de carabinas, con el armamento y equipo que antes tenían y aunque este último siguió sin alteración en los Dragones, recibieron arcabuces de rastrillo, como mejora del primero.

Las figuras que puedes ver en el apartado "Guía de Pintura" representan soldados de estos tres institutos armados, las de las compañías de corazas y de carabinas con capacetes y coseletes sin guarda-brazos, espadas de taza y gavilanes, arcabuces carabinas de rueda y pistolas estas últimas; llevaban sarta de tiras y frascos para la carga, y los Dragones, piquete, mazo y arcabuz; vistiendo todas el juste-corps o casaca francesa como la infantería y el sombrero Schombergo los dragones, el pelo cortado a lo nazareno y el bigote alzado. El color de las casacas y de los gregüescos era amarillo con vueltas, forro y golpes encarnado en aquellos; las botas de montar eran de cuero de vaca con su propio color; las sillas de los caballos eran de las llamadas españolas con funda de cuero crudo, y de lo mismo los porta-mosquetones para los arcabuces de los Dragones y lo restante del correaje de silla y brida, teniendo una anilla a la derecha del borren trasero de aquella, donde los arcabuceros ponían el gancho de arcabuz para llevarlo colgado, y los Dragones, una hijuela para sujetarle por la parte superior del cañón.

BIOGAFÍA DE CARLOS II

Carlos II, llamado también el Hechizado, nació el 6 de noviembre de 1661. Era hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria. A la muerte de su padre heredó todas las posesiones de los Austrias españoles, entre ellas Sicilia. Fue rey de España de 1665 a 1700. De constitución enfermiza, débil y de poca capacidad mental, hasta 1675 ejerció la regencia su madre, quien confió el gobierno a validos, al jesuita alemán Nithard hasta 1669 y a Fernando de Valenzuela. De 1677 a 1679 gobernó Juan José de Austria, enemigo de la reina madre, y posteriormente, hasta 1685, el Duque de Medinaceli y el Conde de Oropesa.

A la edad de 18 años Carlos II se casó en primeras nupcias con María Luisa de Orleans, hija del Duque Felipe de Orleans, hermano de Luis XIV y de Enriqueta Ana de Inglaterra. Diez años más tarde murió la reina y en 1690 tuvo lugar el segundo matrimonio del monarca con Mariana de Neoburgo, hija del elector Felipe Guillermo del Palatinado, Duque de Neoburgo. Carlos II no tuvo descendencia con ninguna de sus dos mujeres, dando lugar al problema sucesorio que trajo como consecuencia el final de la dinastía de los Austrias españoles.

La desastrosa situación económica y la crisis política y social heredadas del reinado de su padre Felipe IV unida a la ineficacia e incapacidad de los gobernantes acrecentaron la crítica situación de España y en especial de Castilla dando lugar a una serie de devaluaciones monetarias que alcanzaron el culmen con la deflación de la moneda de vellón en 1680 y la posterior caída de la actividad económica. En nada contribuyeron a mejorar esta situación los validos encargados del gobierno, sólo el Conde de Oropesa realizó una política firme de reducción de impuestos y contención del gasto público. La vida del país se caracterizó por una crisis económica endémica, aunque en Aragón y la zona del mediterráneo se produjo un movimiento de recuperación. La crisis interna del reinado de Carlos II había ido propiciando la descentralización de los territorios de la Corona de Aragón mediante un programa neoforalista y el desarrollo de las estructuras económicas, aprovechando para ello su posición geográfica y sus recursos naturales.

Durante su reinado tuvieron lugar dos guerras contra Francia, En 1684 en Ratisbona se firmó una tregua de veinte años con Francia, tregua que fue rota en 1690 al concluirse una alianza entre España, Inglaterra, los Países Bajos y el Imperio dando lugar a un tercer enfrentamiento bélico que duraría hasta 1697. Los ejércitos franceses ocuparon una serie de plazas catalanas e incluso se apoderaron de Barcelona en 1697 En esta tercera guerra contra el vecino país, España intervino en las filas de la Liga de Ausburgo, junto al Imperio, Austria, Suecia y el Papado. La guerra finalizó con la paz de Rvswick. La primera derrota seria de la política exterior de Luis XIV, que se vio obligado a ceder a España plazas en Cataluña. Flandes y Luxemburgo, mostrando así su interés por conseguir para los Borbones la sucesión al trono español.

Los años últimos del reinado de Carlos II estuvieron marcados por la locura del monarca, producto de las presiones políticas y las intrigas palaciegas, y por el problema sucesorio, como consecuencia de la inexistencia de hijos. Ante esta última cuestión se avivó una pugna por hacerse con el trono y con su herencia. En un principio, el candidato designado era José Fernando Maximiliano, hijo del elector de Baviera, pero éste falleció en 1699, y volvió a presentarse el problema de elegir entre el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo y biznieto de Felipe III, y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y biznieto de Felipe IV. Esto provocó una contienda por la sucesión al trono español en la que intervinieron las principales potencias europeas. La Corte se dividió en dos bandos, por un lado la reina apoyaba al candidato austríaco, y por otro Carlos quien pensaba que sólo el apoyo de Francia podía asegurar la conservación de la monarquía en toda su integridad territorial. Todo esto le hizo decidirse por Felipe, y sin ceder a presiones mantuvo su elección hasta el final dejándolo por escrito el 2 de octubre de 1700 en el testamento que hizo un mes antes de su muerte. Por tanto, Carlos II expiraba en Madrid, a la edad de cuarenta años, dejando un testamento sucesorio que provocaría una guerra, la guerra de sucesión que daría paso a una nueva dinastía en la monarquía de España, la de los Borbones.

CRONOLOGÍA - CARLOS II

1661. Hijo de Felipe IV y de Mariana de Austria, nace en el Alcázar de Madrid el día 6 de noviembre.

1665. Muere el rey. Apenas terminado un largo período de lactancia, Carlos le sucede. La regencia es ejercida por su madre. Privanza de Everardo Nithard.

1668. Paz de Aquisgrán.

1669. Caída y destierro de Nithard. El real bastardo don Juan José de Austria marcha sobre Madrid y lanza un ultimátum a la regente. Fernando Valenzuela nuevo valido.

1671. Desastroso tratado comercial con Holanda.

1674. Francia se apodera del Franco Condado.

1675. Es declarado mayor de edad. Inicio de su reinado.

1676. Valenzuela, primer ministro y grande de España. Junta de Gobierno.

1677. Don Juan José de Austria actúa como primer ministro.

1678. Paz de Nimega: tratados entre Francia y Holanda y España y Francia.

1679. Bodas por poder en Fontainebleau con María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV. Muere Juan José de Austria. Ratificación de las bodas, en Quintanapalla, Burgos.

1680. Desgobierno y profunda crisis económica. El duque de Medinaceli, Juan Francisco Tomás de la Cerda, se hace cargo del poder. Huelga del personal subalterno de palacio.

1681. Luis XIV invade Luxemburgo.

1683. España declara la guerra. Courtrai pasa a Francia.

1684. Fracaso francés en la invasión de Navarra. Toma de Luxemburgo. Tregua de Ratisbona con Francia, por veinte años.

1685. Caída y confinamiento del duque de Medinaceli. Gobierno de Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, conde de Oropesa.

1686. Liga de Augsburgo: tratado antifrancés de España, el Imperio, Holanda, Suecia, Baviera, Suabia y Franconia.

1688. Adhesión de Inglaterra a la Liga de Augsburgo.

1689. Muere la reina María Luisa. Se acuerda una nueva boda con María Ana de Neoburgo. Guillermo de Orange, rey de Inglaterra, se adhiere a la Liga de Augsburgo.

1690. Carlos y su esposa se encuentran en Valladolid. España se adhiere a la alianza de Inlaterra, Holanda y Austria contra Francia. Reanudación de las hostilidades en Cataluña, Flandes, el Mediterráneo y las Antillas. Victoria francesa en Fleurus.

1691. Rendición de Mons. Ocupación francesa de Camprodón. Destitución del Virrey de Cataluña, duque de Villahermosa. Ocupación de Seo de Urgel. Caída y destierro de Oropesa.

1692. Los franceses ocupan Namur. Victoria naval de Inglaterra en la Hogue.

1693. Ocupación francesa de Rosas, Palamós y Gerona y triunfo en Neerwinden. El duque de Escalona nuevo virrey de Cataluña.

1695. Consolidación del frente catalán con ayuda de las tropas austriacas del príncipe de Darmstadt.

1696. Nuevas hostilidades con Francia. El marqués de Gastañaga, nuevo virrey de Cataluña. Muerte de la reina madre.

1697. Los franceses toman Barcelona. Paz de Rijswick.

1698. Carlos II nombra heredero a José Fernando, hijo del elector de Baviera.

1699. Muere José Fernando. Motines en Madrid por la carestía de la vida.

1700. Carlos nombra heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y muere, el día 1 de noviembre.

1691. Rendición de Mons. Ocupación francesa de Camprodón. Destitución del Virrey de Cataluña, duque de Villahermosa. Ocupación de Seo de Urgel. Caída y destierro de Oropesa.

1692. Los franceses ocupan Namur. Victoria naval de Inglaterra en la Hogue.

Fuente:La Aventura de la Historia, nº 24

A.C.M.H. Alabarda (Mayo 2003)



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