Hasta hace relativamente poco la batalla de Rocroi era para mi un acontecimiento casi desconocido. Hoy por hoy tampoco se puede decir que sea un experto en la materia pero el estudio de esta batalla, sus orígenes, sus consecuencias y los ejércitos implicados despertaron una gran curiosidad en mi, y poco a poco nació la idea de hacer una viñeta. Desde hace un par de años he ido aprendiendo las técnicas de modelado y eso me ha posibilitado una cierta libertad a la hora de llevar a cabo este proyecto. Diseñar, modelar y pintar los elementos que la componen es quizás uno de los objetivos más apetecibles para un modelista de figuras. La modalidad de viñetas ofrece muchas posibilidades a la hora de poder contar una historia. Desde mi punto de vista, y salvando la enorme distancia que puede haber con la pintura de cuadros, una viñeta es como un pequeño lienzo tridimensional. Podemos jugar con los personajes, la composición, el color, las formas, los símbolos …. Un trabajo de este tipo no obedece únicamente a poner más o menos ordenadamente todos los elementos. También está la opción de dotar de sentido a cada objeto y personaje que lo forman y, sumando cada parte, hacer un todo. De estas cosas me gustaría hablar en este artículo.
Una bandera y el oficial que la porta no es desde luego algo novedoso a la hora de representar una escena con tintes épicos. De lo que no hay ninguna duda es que son elementos muy vistosos que dan mucha fuerza al conjunto. Un oficial español fue el primer personaje que me vino a la mente. El gesto altivo, destilando orgullo y bizarría, así me lo imaginé. Está bastante claro que debía ocupar el centro de atención y en torno a el se ubicarían el resto de los elementos. El alferez de la compañía era el portador de la bandera, pero bien se podría pensar que un capitán en un momento avanzado de la batalla hubiera recogido la bandera de manos de su compañero herido. De hecho los abanderados eran uno de los primeros objetivos de los tiradores enemigos. Lo siguiente fue pensar quien acompañaría al abanderado. En un principio esbocé hasta cuatro figuras más, pero analizando detenidamente las cosas y evaluando el esfuerzo de modelado y pintura me decanté por incorporar dos más. Tres me pareció un número bastante adecuado para representar lo que tenía en mente. El arcabuz fue un arma muy apreciada por los tercios, y su uso se generalizó especialmente entre los españoles. Con el discurrir del tiempo se fue sustituyendo por el mosquete, que era un arma de mayor calibre que proporcionaba una potencia de fuego mayor. Mosqueteros y arcabuceros proporcionaban al tercio la fuerza de la pólvora. Me apetecía mucho que uno de ellos formara parte de la viñeta, y en el reparto le asigné el papel de valiente. Herido, agotada la munición y con la espada en la mano, con una pose desafiante. Viste con un coleto, que era una especie de chaleco de piel que proporcionaba una defensa razonable ante las armas blancas. Característica es también la bandolera de cuero de la que colgaban los frascos con pólvora para el mosquete, que era conocida normalmente como "los doce apóstoles". El último personaje debía encarnar la imagen de la derrota. Alcanzado y en el suelo, quería que representara lo que se perdió en Rocroi. Las mangas de arcabuceros solían ir acompañadas por piqueros, pero que en lugar de portar la pica llevaban una alabarda, por ser más ligera y fácil de manejar, adaptándose al carácter maniobrero de estas unidades. También la alabarda era el arma que identificaba a los sargentos y al grupo de piqueros que daban protección a la bandera. Cualquiera de ellos podría ser nuestro personaje. La alabarda últimamente se ha convertido en un objeto recurrente en las figuras que modelo. En cuanto a la uniformidad elegida para las figuras decir que en aquella época no existía una reglamentación específica al respecto. Todavía pasarían algunos años hasta que se empezara a vestir a las tropas en base a un patrón común. Lo que si había eran unos hábitos y costumbres en el vestir militar que diferían sustancialmente de la ropa civil. El soldado español gustaba de vestir de forma llamativa y elegante, con colores vivos, aunque se recomendaba no hacer ostentación. Esto contrastaba con la sobriedad en el vestir civil en el que el negro era el color más extendido. Se consideraba que con esta vistosidad se impresionaba al enemigo. El color rojo era muy apreciado por los tercios, pero la variedad era enorme. Para identificar a los hombres de un bando u otro durante el combate los mandos recomendaban que se utilizara algún tipo de distintivo de color. El de los españoles era rojo, blanco el de los franceses o naranja los holandeses. Los componentes de los tercios solían utilizar fajines, brazaletes o cruces de borgoña cosidas a la ropa, pero en la refriega de la batalla eran frecuentes los errores y las bajas producidas por fuego amigo. Comentar también que el espíritu práctico de los componentes de los tercios españoles hizo que se utilizaran ropas más ceñidas de lo normal en aquella época, lo que permitía una mayor movilidad y agilidad en el campo de batalla. El coleto era una prenda de piel de uso común y que se ajustaba al cuerpo proporcionando protección a su portador. Igualmente los oficiales de infantería que portaban botas se desprendían de las espuelas para evitar incidentes, como engancharse en matorrales, e ir más cómodos por el campo de batalla. Las inclemencias del tiempo, las marchas y los combates hacían que la vestimenta se degradase rápidamente, y no siempre su propietario disponía de recursos económicos para reemplazarla. Eso si, cuando se cobraba el sueldo (siempre con un considerable retraso) o se obtenía un botín por la toma de una plaza lo primero en lo que se gastaba el dinero era en ropas y adornos.
El apartado de composición de una viñeta es muy amplio,
y puede englobar múltiples aspectos. Algunos son más o menos
intuitivos derivados de la experiencia y otros hay que afrontarlos de
forma reflexiva. Ahora que tenía las piezas había que montar
el puzle. Como ya he comentado el foco central sería el oficial abanderado y creo que esta decisión no necesita explicación. Consideré que para realzar la figura debía estar en la parte de terreno más elevada. La viñeta no tiene mucho relieve pero si se puede jugar ligeramente con las alturas. El mosquetero ocuparía la derecha del oficial (izquierda para el observador), con una rodilla en el suelo y sobre un pequeño desnivel. Con ello se asume el papel secundario que ocupa en el plano. Por último el alabardero ocupa la izquierda (derecha para el observador) en una posición si cabe aún más discreta. Esto en cuanto a la colocación de las figuras, pero hay otro aspecto que quise tener en cuenta. Para "enmarcar" lo que consideré el foco de atención pensé en un rombo imaginario que formarían en su vértice superior la punta de la bandera, a la iquierda del observador la mano con la espada del mosquetero, a la derecha la punta de la alabarda y abajo el pie izquierdo del alabardero. Parece un planteamiento muy rebuscado pero mientras pensaba en la forma de hacerlo me resultó bastante convincente, además de proporcionar equilibrio a la escena. He prestado bastante atención a la distancia entre las figuras. Muchas veces vemos viñetas en donde se amontonan soldados, caballos y accesorios, y otras veces se distancian unos de otros perdiendo cohesión. Mi intención, sin tener claro si lo he conseguido, ha sido el dotar a cada figura de su espacio, que ninguna interfiera en el campo de visión de otra, pero lo suficientemente cerca para que estén inmersas en el mismo suceso. De igual forma he intentado que cada personaje tuviera su historia particular. Por ejemplo el abanderado y el mosquetero no miran hacia el mismo sitio, pero si que he intentado que todas parezcan vivir el mismo momento. En alguna ocasión he comentado que evitar la simetría es algo que siempre tengo en cuenta. Procuro que predominen las líneas oblícuas. Por poner algunos ejemplos en esta viñeta la bandera no está perpendicular al suelo, ni tampoco la alabarda, o las espadas del oficial y el mosquetero no se alinean con nada.
Tan importante o más que la técnica de modelado es la capacidad de transmitir que puede tener la figura. Para mi es un aspecto de suma importancia, sobre todo en una viñeta en la que las figuras deben interactuar entre si para conseguir el clima buscado. En el caso concreto de Rocroi cada figura debía reflejar un sentimiento: el oficial serenidad, el arcabucero agitación y el alabardero dolor. Como la cara es el espejo del alma en donde primero se debe percibir este sentimiento es en la expresión del rostro. Por otra parte no hay que olvidar los gestos y la postura, que deben estar acorde con la expresión. Si ya de por sí es difícil conseguir lo anterior hay que tener muy presente que todo debe parecer natural. Intentarlo lo he intentado, y otros han de juzgar si lo he conseguido.
La escala elegida se sitúa sobre los 60 mm aproximadamente. Para partir de unas proporciones correctas utilicé esqueletos fabricados con masilla, con alambres en sus articulaciones y creadas en base al canon de ocho cabezas. Para entonces ya había comprado una peana que encajaba con el proyecto. Con plastilina fabriqué un terreno provisional y comencé a jugar con la composición y la pose de las figuras. Es una fase del modelado que considero divertida. Esa especie de extraterrestres sobre un pegote de plastilina ofrecen un aspecto cuanto menos curioso, máxime si pensamos en lo que se van a convertir. Una vez que di el visto bueno a la pose de las figuras comencé a aplicar masilla para dar las formas generales. Torso, piernas y brazos fueron los primeros objetivos. Al tratarse de tres figuras fui alternando el trabajo de cada una de ellas para no saturarme. En esta fase no me centro en los detalles, sino que trato que las formas y proporciones sean correctas. Luego abordé las caras, buscando la expresión deseada. Hay que tomarse su tiempo para ello, ya que buena parte del resultado final depende de lo acertado que se esté a la hora de plasmar los rasgos faciales. El pelo lo dejé para más adelante. A continuación viene un trabajo laborioso destinado a ir dotando a cada figura de sus detalles y accesorios. Al tratarse de tres piezas el trabajo resulta bastante pesado, y es por ello que hay que tratar de repartir el esfuerzo, trabajando en las tres de forma paralela. Aunque cada detalle o pieza tiene su particularidad hubo cosas que me resultaron especialmente costosas. Comentaré brevemente las partes que considero más significativas del modelado. La cara es sin duda la parte más significativa y, como comenté anteriormente, hay que tomarse su tiempo. Solo puedo decir que en este caso me guié por el instinto, no tomé como referencia ningún cuadro ni fotografía ni referente real. Me salieron así y ya está. Todo ello trabajado con diminutas bolas de Milliput, retocando aquí y allá con el pincel, espátulas y cuchillas. Lo más importante es conseguir la expresión deseada y para este caso no puedo aportar ninguna técnica específica. El peto y espaldar del oficial puede merecer algún comentario. Lo que hice fue modelar la forma general y luego, con mucha paciencia, ir dando forma con cuchilla y lijas. Cuando obtuve el volumen apropiado comencé a incorporar los detalles con pequeñas aplicaciones de Milliput. Los "Doce Apóstoles" del arcabucero me diero algún que otro dolor de cabeza. Obtuve pequeños trozos de varilla de plasticard y los redondeé por un extremo con papel de lija y cuchilla. Corté los trozos de varilla con la longitud deseada y los pegué en la figura, pensando en el movimiento y postura del arcabucero. Con diminutas bolitas de Milliput modelé el tapón de cada frasco, y cuando secaron los retoqué con cuchilla y lija. Dudé en si hacer los cordeles que sujetan los frascos a la bandolera con hilo de cobre o con tiras de masilla. Me decanté por la segunda opción, utilizando una mezcla de Milliput y Duro al 50%. Algunos compañeros de asociación me preguntaron la forma de hacer el pelo. Yo utilizo una técnica que seguramente utilizarán muchos modelistas, pero a la que llegué por pura intuición. Preparo macarroncillos de diverso grosor con una mezcla al 50% de Milliput y Duro y los voy aplicando pacientemente, marcando los mechones con un punzón. Si quiero que el pelo tenga algo de vuelo lo que hago es preparar una torta muy fina con la misma masilla, la recorto con la forma deseada y la aplico sobre la cabeza simulando el vuelo, dejándola secar bien. Cuando ha fraguado utilizo la técnica antes descrita para hacer los mechones. Es una forma laboriosa pero sencilla para hacer el pelo y que a mi, personalmente, me resulta atractiva. El modelado de la bandera lo afronté en dos partes. Primero modelé la parte inferior pegada al asta por donde el oficial la sujeta con la mano derecha. Luego apliqué la masilla para el resto de la bandera. Para conseguir un acabado lo suficientemente resistente utilicé Milliput y Duro al 50%, amasándolo sobre una superficie espolvoreada con polvos de talco para evitar que se pegara, y recortando con una cuchilla con las dimensiones previamente estudiadas. Después pegué esta torta con cianocrilato y retoqué hasta obtener la ondulación y forma que ahora se ve. Como patrón para la bandera previamente había hecho un boceto sobre papel que también me serviría posteriormente para el proceso de pintado. La mano derecha también está integrada en el modelado de la bandera, y fue incorporada después de calcular cuidadosamente su colocación. Para que este cálculo fuera correcto no pude hacerlo hasta no tener modelado el terreno. Mencionar que casi todo es modelado original, pero aproveché algunas piezas comerciales que me ahorraron algún trabajo, aunque casi todas requirieron algo de masilla. En concreto las dos manos del alabardero son de la firma Historex. Algunas espadas de Beneito fueron modificadas y usadas también, así como el arcabuz.
Lógicamente el terreno tenía que ser muy similar al que había hecho con plastelina y tuve que prestar mucha atención para conseguir el correcto encaje y situación de todas las figuras. Prácticamente todas ellas estaban terminadas, salvo algunos pequeños detalles pendientes de modelar. Especial atención tuve que prestar en la colocación del alabardero que, al estar caído, requería una perfecta integración con el terreno. El siguiente paso fue ir aplicando cola blanca y espolvorear con tierra natural. Por un lado tierra fina para la textura general, y luego tierra con pequeñas piedras que se diseminaron por toda la base. Todo ello lo dejé secar bien. En este punto había que empezar a pensar en la pintura.
Le pregunté a mi amigo y compañero de asociación Humberto Garrido: ¿pintarías esta viñeta? Bueno, no tardó mucho en decir que si. En aquel momento fue una decisión difícil para mi, pero a día de hoy he de comentar que me ha aportado mucho. Fue muy interesante ver como otro aficionado daba color a algo que yo había modelado. La experiencia es muy enriquecedora, y el resultado me parece excelente. Creo que Humberto ha hecho un gran trabajo con los pinceles y ha sabido interpretar de manera impecable todo lo que quise transmitir con el modelado. Desde aquí mi enhorabuena.
Hay gente que piensa que los miniaturistas militares tenemos una tendencia belicista y que todo aquello que huela a guerra, armas y uniformes alimenta nuestro lado más violento. Es curioso pero la mayoría de los aficionados que conozco se desmarcan completamente de esta idea. Como todos los colectivos este mundillo se nutre de diversos perfiles y no es serio encasillar a todos bajo el denominador común de la pasión por la guerra. A partir de la búsqueda del conocimiento histórico nos encontramos con un grupo que ve en las figuras un interesante instrumento para centrarse en el estudio de personajes y épocas. Por este mundillo transitan personas con una enorme especialización en periodos concretos, verdaderos eruditos que son una magnífica fuente de conocimientos. Los profesionales o semi-profesionales de la miniatura en sus vertientes de pintura y modelado representar a un sector más restringido y cerrado que hacen del modelismo su modus vivendi. Podemos encontrar a verdaderos artistas, virtuosos del pincel y la masilla, que alimentan con sus creaciones un mercado caprichoso. El coleccionismo es una actividad muy relacionada con el miniaturismo militar. Este tipo de aficionado puede ser un modelista activo, es decir, que pinta o modela sus figuras, o pasivo, que solo las compra y colecciona. Pero el auténtico sustento de esta afición es el modelista medio, y realmente es en donde nos podemos encontrar todo tipo de inquietudes y motivaciones. Diversión, evasión, entretenimiento, gente de cualquier tendencia política o religiosa, … Un amplio abanico de personas dificilmente catalogables en su conjunto bajo el calificativo de belicistas. La historia militar, guste o no, posee una estética particular y es al mismo tiempo un vehículo fundamental a la hora de conocer la historia del hombre. El mundo en que vivimos lamentablemente se ha construido y se construye con guerras. Ese tópico de que hay que conocer nuestra historia para no repetir los errores del pasado no es menos cierto por mucho que se repita. La batalla de Rocroi fue una experiencia amarga, murió mucha gente, como en tantas otras guerras. Las penurias y miserias que se derivan de los conflictos armados nos presentan la cara más oscura de lo que llamamos civilización. Pero no es menos cierto que en las situaciones extremas a veces afloran gestos que realzan la figura del ser humano. Hoy en día valores como la honra, la valentía o el orgullo tienen otro significado o simplemente han caído en desuso, pero hubo un tiempo en el que las personas morían por ellos. Conocer por qué y como aquel puñado de aventureros, nobles, campesinos o mercenarios se dejaron matar por salvar el honor y la honra es también aprender un poco sobre nosotros mismos y lo que somos hoy en día.
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