IntroducciónNewton (1642-1727) primero y Young (1773-1829) después establecieron un principio que hoy nadie discute: la luz es color. Para llegar a este convencimiento, Isaac Newton se encerró en una habitación a oscuras, dejando pasar un hilillo de luz por la ventana y poniendo un cristal – un prisma de base triangular – frente a ese rayo de luz; el resultado fue que dicho cristal descompuso la luz exterior blanca en los seis colores del espectro, los cuales se hicieron visibles al incidir sobre una pared cercana.
Unos años más tarde, el físico inglés Thomas Young realizó el experimento a la inversa. En primer lugar determinó por investigación que los seis colores del espectro pueden quedar reducidos a tres colores básicos: el verde, el rojo y el azul intenso. Tomó entonces tres linternas y proyectó tres haces de luz a través de filtros de los colores mencionados, haciéndolos coincidir en un mismo espacio; los haces verde, rojo y azul se convirtieron en luz blanca. En otras palabras, Young recompuso la luz. Así, la luz blanca, esa luz que nos rodea, está formada por luz de seis colores; y cuando incide en algún cuerpo éste absorbe alguno de dichos colores y refleja otros. Esto da lugar al siguiente principio: Todos los cuerpos opacos, al ser iluminados, reflejan todos o parte de los componentes de la luz que reciben. En la práctica, y para comprender mejor este fenómeno, diremos que, por ejemplo, un tomate rojo absorbe el verde y el azul y refleja el rojo; y un plátano amarillo absorbe el color azul y refleja los colores rojo y verde, los cuales, sumados, permiten ver el color amarillo. El color es una sensación subjetiva y nadie puede asegurar a ciencia cierta que percibe los colores igual que otro. De todas formas los hombres vemos más o menos igual y partiendo de esta premisa se deberá estudiar la teoría del color. Para los modelistas, el conocer como se comportan los colores cuando se combinan entre sí es de suma utilidad, y con la práctica descubriremos infinidad de matices y posibilidades que se agregarán a la cada vez más amplia gama de pigmentos lanzada por las firmas comerciales. Saber como conseguir ciertos colores a partir de otros ampliará nuestra paleta, nos dará una cierta autonomía y no será necesario recurrir al extenso número de referencias existentes en el mercado. Hay que tener muy claro que el tema del color es muy complejo, existen infinidad de combinaciones y no hay una fórmula mágica para conocer todos sus trucos y secretos. Lo que sí es interesante es conocer los conceptos básicos para, a continuación, proceder con la fase más difícil pero al mismo tiempo la más enriquecedora: la experimentación.
El colorPartiendo de los tres colores primarios podemos establecer una serie de mezclas que nos llevarán a la obtención de una extensa gama de posibilidades. De hecho las teorías de la luz y el color demuestran que se pueden pintar todos los colores de la naturaleza con solo los tres colores primarios.
Hay que distinguir entre dos tipos de color: el color luz y el color materia. El color luz es inmaterial proveniente del sol o proyectores artificiales: bombillas, llamas, etc. aunque se toma como referencia el proveniente del sol al mediodía. Se entiende por color materia el compuesto por pigmentos artificiales, tales como pinturas en sus diferentes modalidades: acrílicos, óleos, esmaltes, etc. Nosotros en nuestro hobby utilizamos evidentemente los colores materia (también llamados colores pigmento), pero es la luz inmaterial la que incide sobre las cosas que vemos, también sobre nuestras figuras. El color, independientemente de si es luz o materia, se compone de tres colores primarios (se denominan así por ser únicos, se encuentran en la naturaleza y no provienen de ninguna mezcla).
Partiendo de todos estos colores divididos en estas tres categorías se pueden obtener infinidad de mezclas. Por supuesto los resultados comentados atienden a combinaciones homogéneas. Alterando las proporciones se conseguirán variaciones
La utilización de los colores complementarios incrementa considerablemente las posibilidades de nuestra paleta. Dos colores, uno primario y uno secundario, son complementarios entre sí siempre que el primario no haya intervenido en la mezcla del secundario. Así el amarillo es complementario del azul fuerte, que está compuesto por el magenta y el cyan. Como se ve en el círculo cromático (gráfico 3), los colores complementarios entre sí se sitúan por pares, uno frente al otro. De acuerdo con este principio se pueden establecer los pares complementarios para los colores terciarios, por ejemplo: naranja-azul ultramar, carmín-verde esmeralda, verde claro-violeta. Es fácilmente comprobable que los colores complementarios son los que proporcionan mayores contrastes y en el gráfico siguiente se puede observar con claridad. Entrando en el aspecto práctico diremos que, generalmente, para oscurecer un color siempre podemos acudir a su complementario. Nos podemos ayudar con el negro, pero administrándolo bien. Con la cantidad de referencias de colores que hay en el mercado puede que nos resulte difícil saber cual es el complementario del que estamos utilizando, pero con un poco de observación podremos llegar a tener resultados bastante aproximados. También podemos recurrir a los distintos tonos que nos ofrecen las marcas comerciales para realizar las gradaciones, pero es posible que no encontremos el matiz deseado.
En la sombra propia o proyectada de cualquier objeto interviene indefectiblemente el color complementario del color propio de dicho objeto; con un ejemplo se entenderá mejor: en la sombra propia de un melón verde – verde oscuro, como terciario verde esmeralda – interviene el color carmín, complementario de aquel. Para las subidas de color tenemos la tendencia a incorporar el color blanco en nuestras mezclas. El caso es similar al del color negro para las sombras. Si añadimos negro en exceso los colores se "ensucian" y pierden matices. Con el blanco ocurre algo similar. Si abusamos de él en las subidas los colores afectados pierden intensidad y palidecen. Lo ideal es recurrir a otros colores que nos ayuden a aclarar la mezcla, como por ejemplo el amarillo para subir rojos, verdes o marrones, o a tonos ligeramente más claros que nos ofrecen las marcas comerciales. Para las últimas luces el blanco puede ser útil, pero con prudencia. A raíz de todos estos comentarios podrían surgir las siguientes preguntas: ¿cómo doy subidas a colores que ya de por sí son claros, como por ejemplo, el blanco y el amarillo? ¿Y las sombras para los colores oscuros?
Los colores claros se pueden abordar desde una capa base más oscura. De esta forma las subidas que realicemos serán añadiendo principalmente el color claro que queremos reflejar. Por ejemplo, para tratar el blanco si partimos de un gris podemos ir incorporando pequeñas cantidades de color blanco (o un color hueso, marfil, etc.) a las subidas hasta llegar a las luces máximas que deseemos. Por supuesto podemos jugar con otros tonos como ocres y amarillos para dar una mayor riqueza cromática al resultado. Trabajar estos colores desde abajo nos resultará laborioso por la cantidad de subidas que tendremos que dar, pero nos permitirá controlar mejor la gradación. Para los colores oscuros el proceso de sombreado es el mismo pero a la inversa. Partiendo de una capa base más clara aplicaremos las sombras hasta el punto deseado. Las luces han de ser muy controladas, siendo mejor quedarse corto que pasarse.
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