Transformación Elite Miniaturas
54 mm.

Ante todo debo admirarme ante la grandeza de la ilusión y de la inocencia. Y digo esto porque el Drummer Boy de Elite Miniaturas fue la segunda o tercera figura que compré y tenía intención de pintarla por aquel tiempo. Llegué a intentarlo dos o tres veces, pero esos galones en el brazo se resistían más allá de lo que mi mente podía entender. Incluso vi el articulo en Todo Modelismo sobre la figura y realicé otro intento, baldío por supuesto.

Ya la inocencia (miniaturistica, se entiende) había desaparecido y me topé con la realidad, pintar tres líneas de diferentes colores en esos galones es imposible y lo han hecho por medio de algún extraño proceso más secreto que el de la alquimia. Así que esta figura sería la primera que inaguraría ese cajon de los olvidados que todos tenemos.

Pero está comprobado, las figuras se niegan a permanecer en dicho cajón y ésta volvió a mí con una nueva idea. Si no soy capaz (ni seré) de pintar los galones de la manga, pues lo mejor es eliminarlos. Así que busque alguna idea que me permitiera reutilizar la pieza.

El tambor del Bruch es una de esas historias que uno tienen en la cabeza desde chico, aunque desde luego bastante distorsionadas.

No encontré mucha información sobre el sujeto. Parece ser que se trataba de un tambor de la Reales Guardias Españolas que estaban en Barcelona y en la huída de éstas se unió voluntariamente al somatén del Sant Pedor, con el cual participó en la primera acción del Bruch.

Con estos pocos datos fui conformando la idea. Me gustaría y parecería lógico, que la apariencia del individuo presentara una mezcla de elementos civiles (pantalones, camisa, alpargatas, barretina, ...) y militares (casaca y tambor).

La casaca de las Reales Guardias Españolas (al igual que las Walonas) era azul turquí con las solapas, vueltas, forro y cuello rojos. La unica diferencia entre ambas unidades era la situación de los botones, en dos grupos de tres para las Españolas y tres grupos de dos para las Walonas.


Conversión

En un primer lugar eliminé con la cuchilla y limas parte del volumen de la casaca original así como de los brazos (adiós malditos galones). También eliminé el gorro que traía la cabeza original. A su vez igualé la parte inferior de las piernas eliminando los botones y demás para dar la sensación de que se trata de la pierna desnuda.

Lo siguiente sería añadir los faldones de la casaca. Para esto realicé un patrón con estaño que pegué en la posición deseada e igualé el resultado con masilla. Como nunca consigo un resultado óptimo a la primera, me tocó repasar el acabado con papel de lija y lana de acero.

Con este paso acabado, me centraría en la parte delantera. El pantalón se mantuvo intacto. Lo siguiente fue situar la banda que sujeta el tambor (que realicé con lámina de plástico) para ver dónde situar arrugas posteriormente. A continuación modelé la faja, que resultó sencillo; un poco de masilla que aplané con los dedos y con una aguja y pincel di forma a las arrugas.

Como mi objetivo era representar a una persona relajada y un tanto desenfadada, me pareció oportuno representar la casaca abierta que dejara entrever la camisa. Las solapas también las realicé con masilla, tratando de levantarlas por alguna esquina para contribuir a ese aspecto un tanto desaliñado.

Lo de los botones y sardinetas, fue otra historia. Después de mil intentos de modelarlos con masilla y de recortarlos en lámina de estaño, pensé que la mejor opción era pintarlos únicamente.

Lo siguiente serían los brazos, que habiéndolos rebajado previamente tenía ahora muy finos. Sobre los mismos añadí masilla sobre la que marqué suavemente algunas arrugas.

Para acabar con la casaca realicé el cuello de la misma con lámina de estaño que una vez pegado en posición, sellé con un poquito de masilla.

El pañuelo, la barretina y las alpargatas las hice como de costumbre. Un poco de masilla a la que doy forma con los dedos y luego conformo las arrugas con una aguja, cuchilla y pincel.

Y con ésto, lista para pintar.

En cuanto a la pintura, simplemente destacar que procuré añadir colores carne y marrones a las mezclas para obtener una apariencia un tanto sucia y terrosa.

 

 

 

© Javier Méndez Pino. Junio 2004