UNIFORMOLOGÍA


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

HISTORIA DE LA SANTA HERMANDAD
JUAN JOSÉ TORRES ESCOBAR

Hay que remontarse a los comienzos del siglo XII para encontrar los primeros antecedentes de la Santa Hermandad, concretamente en Asturias, en 1115 a iniciativa de sus diputaciones se constituye una Hermandad para la persecución de malhechores y, de paso, poner fin "a las depredaciones, abusos y tropelías de los próceres y magnates".

Los titulares de los distintos reinos, con el paso del tiempo, concedieron y aumentaron los fueros de estas Hermandades de carácter local, como recurso para aumentar su autoridad, al tiempo que restaban de esta forma poder y atribuciones a las Órdenes militares y a la nobleza.

Para mantener la unidad de criterios y doctrina, se celebró en Valladolid, en 1295, una Junta de Procuradores de las Hermandades del reino de León, acordándose en ella lo siguiente: el pago al rey de las contribuciones en la forma usual; si alcaldes, merinos y señores feudales quebrantaban los fueros, los "hermanos" se unirían para defenderse; si las sentencias no eran justas y los fueros de la Hermandad quedaban lesionados, se reservaba el derecho de querella contra aquellos ante el Consejo, que recurriría ante el rey para revocación y nueva sentencia, con pago de gastos del fondo de bienes propios; si algún infanzón, "rico home" o eclesiástico se apoderase violentamente de bienes ajenos, bien la Hermandad o el Concejo, se levantarían contra él "para derribar su casa y talar sus bosques"; cuando algún señor feudal matase sin motivo a un miembro de la Hermandad sujeto a fuero, todos los Concejos se levantarían contra él, destruyendo sus propiedades y quitándole la vida "allí donde lo encontraren"; igual pena recibiría el juez que, sin previo juicio, condenase excesivamente a cualquier persona que con "carta del Rey" aplicase la justicia en beneficio propio, o exigiere impuestos abusivos.

En las Cortes de Toro, el 1 de diciembre de 1369, aparece por primera vez el cargo de juez y después la formación del tribunal propio de la Santa Hermandad, reconocimiento real y oficial de un hecho ya consolidado, y consecuencia directa de la presencia en los juicios de los dos "homes bonos" elegidos por Fernando IV para la administración de la Justicia. Dichos jueces y tribunal sólo juzgarían y condenarían a los delincuentes capturados por los miembros de la Hermandad, relevando a los cuadrilleros o jefes militares, responsables hasta entonces de dicha función, una vez obtenida la confesión de culpabilidad.

Cargos tan tradicionales como los de merino, adelantado y pertiguero, se desempeñarían por personas que, aparte de su competencia y honestidad personal ya probada, tenían que depositar en la tesorería de la Hermandad veinte mil maravedís de fianza, "para responder de sus excesos".

Durante el reinado de Juan II, de dio un impulso a la Hermandad de Toledo con la regulación de la forma de nombramiento de los alguaciles mayores y los cuadrilleros escogidos entre los "homes bonos" de Toledo y la forma en que debían desarrollarse las juntas generales, compuestas por doce hombres de a caballo y veintisiete de a pie, cinco cuadrilleros y tres ballesteros por cuadrilla. Todo hombre de a caballo, especie de fortaleza animada, llevaba para su servicio un lancero y un ballestero. La Hermandad daba de sus propios fondos ciento veinte maravedís a cada hombre de a caballo y veinte sueldos a cada cuadrillero en concepto de plus o sobrepaga, pues el estipendio ordinario era por cuenta de los pueblos a los que se les prestaban los servicios. Las juntas generales tuvieron lugar anualmente en Toledo, el día de la Virgen de Agosto, previa reunión de sus junteros, tres días antes, en la posada de Valdelagua.

Son los Reyes Católicos los que crearon la Santa Hermandad Nueva, cuya existencia de 1476 a 1498, marcó el comienzo del Ejército Real que en los años siguientes asombró en los campos de Europa. Ésta constituyó un eficaz instrumento en manos de los Reyes Católicos contribuyendo al fortalecimiento de la autoridad real y al mantenimiento de la justicia y el orden público, llegando su poder hasta el último rincón del reino. No hay duda de que los Reyes Católicos, personajes con un espíritu mucho más elevado que sus antecesores, tuvieron una visión muy diferente y supieron ensamblar la acción policial con la militar, apoyarse decididamente en el pueblo, darles efectiva protección y reducir al mínimo las ambiciones y poder de la nobleza. Nuevos conceptos y nuevas ideas precursoras, a fin de cuentas, del Renacimiento a punto de hacer su entrada en la historia. Alonso de Quintanilla, contador mayor de cuentas del Reino, en quién los Reyes Católicos confiaron la reorganización de la Santa Hermandad, y como resultado de la junta general de la misma, celebrada el 15 de Enero de 1488, organizó levas cuya fuerza se elevó á diez mil infantes, y entre ellos se eligieron trescientos espingarderos y setecientos piqueros. Se dividió este cuerpo en doce capitanías. Al propio tiempo, y a solicitud de D. Fernando y Doña Isabel, el 15 de octubre, la Hermandad de Vizcaya organizó otra fuerza compuesta de dos mil quinientos peones "encorazados", con armaduras de cabeza, con lanza y espada; y de dos mil quinientos ballesteros con sus aparejos, espada y puñal.

No dependía este ejército enteramente del gobierno, debido a sus fueros, pero nada tenia que ver con los prelados, ni con la gran nobleza, dotando a los Reyes de una superioridad decidida sobre las clases privilegiadas. Cada compañía constaba de setecientos veinte lanceros, ochenta espingarderos, veinte y cuatro cuadrilleros, ocho atambores, y un abanderado, contando cada compañía con 833 plazas. Había además un capitán general, un alcaide , un contador y un tesorero que junto con las plazas de las 12 compañías constituían las 10.000 plazas aprobadas. Los cuadrilleros, cabos de escuadra, tenían á su cargo, como subalternos de los capitanes, la instrucción, policía y disciplina , tanto en los aposentos y campos como en las marchas y orden de combate.

Las capitanías, tan pronto obraban aisladamente, tan pronto en combinación unas con otras. En este último caso, á la reunión de cierto número de ellas colocadas en línea al mando de un caudillo, se le daba el nombre de batalla, la cual se componía á veces de infantería solamente, y otras de caballería, si bien entraban por lo regular en su constitución tropas de ambas armas.

El traje de los soldados de la Hermandad era muy sencillo. Consistía en calzas de paño encarnado, en un sayo de lana blanca con manga ancha, y una cruz roja en el pecho y espalda; cubrían la cabeza con un casco de hierro batido, pero ligero, y su armamento se reducía a la lanza y a la espada pendiente del talabarte.

La figura número 1 de la adjunta lámina representa un Alférez con su enseña. La número 2 es un Tambor o Atabalero , y el número 3 un Lancero.

No se conservan banderas de la Santa Hermandad, aunque Clonard afirma haber visto dibujos de ella.


Lámina 1 - Alférez, Tambor o Atabalero, Lancero

©ACMH Alabarda - Enero 2005


 
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