UNIFORMOLOGÍA


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

EL VESTUARIO EN LOS TERCIOS
JESÚS ALÍA PLANA

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1.- ORIGEN DE LOS TERCIOS.

Muchos son los historiadores que se han planteado el origen de los Tercios y de su denominación. Unos hablan de que los soldados formaban tres grupos según el tipo de arma que manejaban y otros los hacen descender de una imaginaria Legión Romana llamada Tercia1 , que jamás existió en Hispania. En fin, ninguno aporta datos de peso que aclaren la cuestión. Una revisión de la documentación de época me ha llevado a una posibilidad nueva, que es la que creo más real, porque entre otras cosas es más simple y natural:

Las Siete Partidas denominaban sobresaliente al soldado embarcado. En Aragón se le llamaba terçol2 . Con el paso del tiempo, terçol pasó a ser terzol. Y más tarde tercero y tercio. Si tercio equivalía a hombre de armas, Tercios, sin duda, eran las agrupaciones de tales hombres. Dado que los primeros Tercios se crean a raiz de expedición a Túnez y son organizados el 15 de noviembre de 15363 tras esta Campaña, y nacen para combatir en Berbería y sobre todo en tierras Italianas4 , y por tanto procedentes de la Corona de Aragón, pienso que se los organizó como continuación del Ordenamiento Naval de dicha Corona. La idea fue buena, dio buenos resultados, se corrigieron los errores, se perfeccionó, y esta estructura nueva y su denominación vieja se extendió a todas las unidades de nueva creación.

Apoya la teoría el hecho de que a los primeros soldados del Emperador se les vistiera, como ya veremos, con los colores de Aragón.


2.- VESTUARIO5.

Con Felipe el Hermoso llegó a España algo de la moda de Borgoña y Flandes. Más tarde, con su hijo Carlos la entrada de estas modas del norte fue ya en tromba. El aspecto de nuestros soldados tenemos que buscarlo en grabados y tapices (tomados con muchas precauciones, pues es corriente su aspecto ideal, con soldados rampantes y casi mitológicos).

En la edición veneciana de 1528 de la obra de Francisco Delicado "La Lozana Andaluza", podemos encontrar un grabado (Ver imagen) con soldados españoles del Sacco de Roma. Este ocurrió el 6 de mayo de 1527. No hay duda de que sean españoles: tenemos multitud de dibujos alemanes e italianos mostrando a los soldados de estas tierras y no son como los nuestros, que se parecen muchísimo a los que pintara, en 1514, Juan de Borgoña en su fresco de la Toma de Orán de la Capilla Mozárabe de la Catedral de Toledo.

Todos los historiadores militares tradicionales han afirmado siempre que con el César Carlos nuestras tropas vistieron de amarillo y rojo, constituyendo la obligación del uso de estos colores una especie de uniforme. La profesora e historiadora militar Dra. Ana Belén Sánchez Prieto ha localizado en el Archivo de la Casa de Osuna que estos colores, imposición del Emperador, se usan desde 1523 hasta en las Mesnadas Señoriales, sustituyendo a las libreas de sus propietarios. Sabemos por tanto, que había colores oficiales, pero no hechura oficial en las prendas ni en la disposición de éstos. La Ordenanza de Bujía6 dada en Ocaña el 10 de mayo de 1531 nos lo muestra al no especificarlo, en su artículo 36, que dice:

...E mandamos que para la provisión de la dicha gente se lleven e gasten solamente paños de Alicante e de tierras de Baeça enruviadas (de color amarillento) e paños pardillos (de color pardo) comunes e burieles (de color rojo) de la Mancha e veynt y quatrenes de Córdova de colores, e veinte y seisenes de Toledo, e cordellates (lana basta) de calças e frisas (lanas finas para forros) bureladas (con franjas) de todas colores, e otros paños comunes de poco preçio, porque d'esto la dicha gente se podrá bien vestir e a menos costa.

Dado que D. Fernando el Católico ya utilizó en el vestuario de sus tropas la combinación de amarillo y rojo, colores de Aragón, pues nos cuenta Fernández Duro que en una entrevista que tuvo con Luis XII sus gentes...

Llevaban ropas escaqueadas de encarnado y amarillo, con grandes escudos sobre el pecho con las Armas Reales.

...creo que su nieto, Carlos I, debió heredar el colorido de esta Corona al tiempo que heredó parte de su organización militar.

Como contrapartida al amarillo con rojo de las tropas españolas, dispuso también el Emperador que sus Guardias Tudescos vistieran de amarillo con blanco. A lo largo de los siglos XVI Y XVII persistieron en la Guardia estas dos combinaciones de colores y una librea con galón escaqueado de rojo y blanco, que aparece descrita en las contratas7 como... ...tres fajas, las dos jaqueladas y la de en medio carmesí, o como, ...fajas de terciopelo escaqueado, y entre las dos una carmesí.

La podemos ver en infinidad de cuadros. Por citar alguno, mencionaré el del sacerdote pintor D. Pedro Valpuesta: "Felipe IV jurando defender la Doctrina de la Inmaculada Concepción" (Ver imagen); se conserva en el Museo Municipal de Madrid catalogado como I.N. 3107. En esta obra vemos al Rey y a su Guardia, está última retratada con gran detalle.

Los historiadores militares tradicionales, Clonard, Giménez, Barado y todos los demás, nos han pintado a unos soldados que más parecen sacados de una representación "del Tenorio" que de la realidad. Lo que sí es cierto de sus dibujos es que poco a poco entran en uso las calzas ajustadas a la española, los zapatos de hocico de perro y los trajes acuchillados. Sobre estos últimos merece la pena aclarar algunas ideas.


Conrado Pellicanus afirma en su crónica del siglo XV, al decir de Max von Boehn, que los trajes acuchillados cuyos cortes mostraban la ropa que llevaban debajo, tenían su origen en los soldados Squízaros (suizos). Cuando éstos en la Batalla de Grandson (1476) derrotaron a los borgoñones del Duque Carlos el Calvo, desnudaron a los cadáveres de los vencidos; luego colocaron la ropa de éstos sobre la que ellos llevaban, acuchillándola para ponérsela mejor. Así de este modo tan extraño podían presumir de habérsela arrebatado al enemigo.

Esta moda, que cundió pronto, se extendió por toda Europa y fue piedra de escándalo. En el Sacro Imperio Maximiliano I la toleró, pero la Universidad de Tubinga prohibió su uso a los alumnos en 1525. En España, las Cortes de Valladolid de 1548 también la prohibieron. Desde entonces aquí lo único que se permitió fueron unas hendiduras rectas hechas por los propios sastres.

En esta época se registra también la aparición del bolsillo en las calzas, que fue prohibido en Francia en 1563, con el argumento de que servía para guardar armas. La medida legal resultó inútil. Las calzas sufrieron una evolución constante que terminó por convertirlas en calzones, según cubrían de forma diferente las piernas. Cuando a los hombres dejó de vérselas, al taparlas el calzón, fueron muchas las mujeres que protestaron.

Dalmau y Soler nos hacen unas distinciones muy curiosas entre lo que eran calzas, calzones, gregüescos y trusas, nombres todos ellos de las diferentes prendas que podía llevar de cintura para abajo, un hombre del siglo XVII. Son estas:

Calzas: Prenda de vestir que, según los tiempos, cubría, ciñéndolos, el muslo y la pierna, o bien, en forma holgada, sólo el muslo o la mayor parte de él.

Calzón: Prenda de vestir del hombre, que cubre desde la cintura hasta las rodillas. Está dividido en dos piernas o fundas, una para cada muslo; los hay de diferentes hechuras.

Gregüescos: Calzones muy anchos.

Trusas: Gregüescos con cuchilladas.

El traje español poco a poco, y de resultas de multitud de pragmáticas, se fue haciendo cada vez más sobrio. Su color predominante terminaría por ser el negro. Entre los militares, sin embargo, no cuajó este color tan fúnebre. Es curioso leer los argumentos en contra. Sin ir más lejos, Martín de Eguiluz en su libro de 1595 "Milicia, Discurso y regla Militar" nos dice: Diez mil soldados, armados y vestidos de colores abultan y meten más terror que veinte mil y más vestidos de negro. El otro aditamento que parece ser característico del traje español fue el cuello, que al ser blanco, grande y lleno de pliegues era el único contraste con la ropa negra.

Los cuellos de tela plisada empezaron a crecer en tiempos de Felipe II y llegaron al disparate a finales del reinado de Felipe III. En ese último periodo se les denominó plato de San Juan pues evocaba a aquel en que le entregaron a Salomé la cabeza del Bautista. El nombre de estos cuellos plisados era Lechuguillas . Algunos autores y sobre todo los cómicos han popularizado el de gorgueras, aunque no es correcto. Estudiando la iconografía existente se aprecia que sólo se llevaban en actos de sociedad y no en campaña.


En 1623 Felipe IV prohibió estos cuellos de lechuguilla, que pasaron a ser símbolo de viudedad. Fueron sustituidos por la valona sobre golilla. La valona era un cuello grande de lienzo sin pliegues y la golilla, la armadura de cartón que le sostenía.

El resto de las prendas de vestir eran el jubón, la ropilla y la camisa. Para abrigarse, con Carlos I apareció una capilla corta y bordada denominada tudesca . En tiempos de Felipe II fue sustituida por otra lisa y como no, negra, denominada herreruelo o ferreruelo. No obstante, en todo momento se siguió utilizando la magnífica capa española, que como la caridad, todo lo cubre.

De la guerra de Portugal se dice que nuestro ejército trajo la moda de las casacas y corbatas a la francesa. Como estas prendas eran usadas por las tropas del General Schomberg, se llamó chambergo a cierto tipo de sombrero de ala ancha, y chamberga a un modelo de casaca. A la chamberga la definió la Academia en su Diccionario de 1737, como:

Casaca ancha, cuya longitud pasaba de las rodillas: su aforro volvía sobre la tela de que era la casaca, con una faxa de quatro a seis dedos de ancho de arriba abajo por ambos lados: las mangas algo más anchas de lo que se usa ahora, y más cortas, también con vuelta del mismo forro. Diósele este nombre por haber trahido este trage con sus tropas el Mariscal de Chamberg, quando vino de Francia a la guerra de Portugal.


 
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