UNIFORMOLOGÍA








































































































































































EL VESTUARIO EN LOS TERCIOS
JESÚS ALÍA PLANA

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La lista de los tapices es la siguiente:

-El Mapa.
-La Revista de las tropas en Barcelona. (Ver imagen)
-El desembarco en La Goleta. (Imagen 1, Imagen 2, Imagen 3)
-Ataque a La Goleta. (Ver imagen)
-Combate naval ante La Goleta. (Imagen 1, Imagen 2)
-Salida del enemigo de La Goleta.
-Toma de la Goleta. (Ver imagen)
-La batalla de los pozos de Túnez (Perdido en el siglo XVIII).
-Toma y saqueo de Túnez.
-El ejército acampa en Rada (Perdido en el siglo XVIII).
-Reembarque del ejército en La Goleta.

Dña. María de Hungría poseyó otra serie de estos mismos tapices, de menores dimensiones. Desaparecieron de nuestras colecciones reales, muy deteriorados ya, en tiempos de Carlos III. El Cardenal Granvela tuvo otro tapiz como alguno de estos. El Archiduque Carlos, pretendiente al trono de España y después Emperador de Austria con el nombre de Carlos VI, encargó una copia de los tapices, en lana y seda, a Joos de Vos de Bruselas; se conservan en Viena. Felipe V encargó en 1740 a Jacobo y Francisco van der Goten, otra reproducción en lana y seda. Por ella conocemos el diseño de los dos tapices desaparecidos.

Si los estudiamos con un punto de vista moderno encontramos gran similitud entre estos tapices y grandes carteles. En ellos está la realidad pero muchas veces, aposta, no se juega con las proporciones correctas. La Revista de Barcelona es magnífica pues parece una fotografía de los soldados del César Carlos, sus trajes, sus uniformes y sus banderas. En la Conquista de Túnez los galeotes, muy bien retratados, maniobran con los sonidos del chifle del Cómitre, pero la galera es demasiado pequeña, parece de juguete. En el embarque a Túnez se arrastran unos cañones demasiado chicos, aunque el Sargento que ordena su traslado es perfecto. Los arcabuceros que atacan a La Goleta siguen a unas banderas muy interesantes, sin embargo a su equipo le falta el frasco de la pólvora y la bandolera con los doce apóstoles, que era como se llamaban sus portacartuchos. Con todo esto quiero indicar que los tapices son muy buenos como obra de arte y como testimonio, pero hay que ponderar sus figuras, y en cierto modo terminarlas, para conocer el aspecto real de nuestros soldados.


Los Tapices de la Toma de Orán no son el único ciclo pictórico-narrativo de esta época que ha llegado a nosotros, pues no debemos olvidarnos de los frescos en grisalla del Palacio de Oriz (Ver imagen) en Navarra, que se conservan en el Museo de Pamplona. Relatan episodios de la guerra de religión contra el Elector de Sajonia. Es muy posible que se pintaran con la falsilla de unos grabados alemanes17 . La costumbre, iniciada por el Emperador Carlos, de decorar sus estancias con escenas de guerra fue seguida por su hijo Felipe II con los frescos de la Sala de las Batallas del Monasterio del Escorial.

Podemos dividir estas pinturas en dos grupos. En el primero estarían la Batalla de la Higueruela, muy anterior a Felipe II; en el segundo, las campañas de su reinado: Conquista de la Isla Tercera de las Azores y Batalla de San Quintín (Imagen 1, Imagen 2). Respecto al fresco de la Higueruela, Fray José de Sigüenza nos cuenta su origen al decirnos que:

En una torre del Alcázar de Segovia, en unas arcas viejas, se halló un lienzo de ciento treinta pies de largo, donde estaba pintado de claro y oscuro, que no tenía mal gusto de pintura para aquel tiempo el que la hizo. Mostraron el lienzo al Rey, nuestro fundador, y contentóle, y mandó la pintasen en esta galería18 .

El encargo se dió a Nicolás Granello, que reinterpretó la batalla en colores, sobre la pared. El resultado es hermoso pero la fiabilidad de la iconografía, dudosa.

Las batallas del reinado de Felipe II (Ver Imágenes) son mucho más realistas y están más ligadas a la forma de dibujar los baluartes por los ingenieros militares; más tarde Snayers también los representará así. Nos sirven para estudiar el vestido, el armamento, las banderas... porque están vivas.

Los Austrias siguientes también gustaron de pinturas con las victorias de sus ejércitos: la decoración del Palacio del Buen Retiro incluía una sala decorada con cuadros de batallas. Para realizarlas se eligió a los más prestigiosos maestros del momento. La relación de obras y autores fue la siguiente:

-"Rendición de Breda", de Diego Velazquez. (Ver imagen)
-"Defensa de Cádiz", de Francisco Zurbarán. (Ver imagen)
-"Recuperación de Bahía", de Juan Bautista Maino. (Ver imagen)
-"Victoria de Fleurus", de Vicente Carducho. (Ver imagen)
-"Socorro de Constanza", de Vicente Carducho. (Ver imagen)
-"Expulsión de Rheinfelden", de Vicente Carducho. (Ver imagen)
-"Rendición de Juliers", de Jusepe Leonardo. (Ver imagen)
-"Toma de Brisach", de Jusepe Leonardo. (Ver imagen)
-"Recuperación de la isla de San Cristobal", de Félix Castelo. (Ver imagen)
-"Recuperación de San Juan de Puerto Rico", de Eugenio Cajes19 . (Ver imagen)
-"Expulsión de los holandeses de la Isla de S. Martín", de Eugenio Cajes (Desaparecido).
-"Socorro de Génova", de Antonio Pereda. (Ver imagen)

Estos cuadros se realizaron con tanta perfección y esmero que algunos han pasado a ser obras únicas, modelos dentro de la Historia del Arte, tal es el caso de "Las Lanzas" o "Rendición de Breda". No hay dudas sobre el gran valor artístico de estas obras preparadas para decorar el Salón de Reinos del Buen Retiro, pero a sus soldados les falta algo: no se corresponden con los que pintaron los flamencos, visten más bien como pudieran hacerlo por las calles de Madrid. Hay que buscar mucho para conocer el aspecto real, en campaña, de nuestros soldados. Peeter Snayers20 nos lo da. (Ver Imágenes)

Nació en Amberes en noviembre de 1592. A los veinte años ya era maestro libre y a los 26 se casó Anna Schut. Trabajó al servicio de Isabel Clara Eugenia y para ella pintó el lienzo que recuerda su peregrinación a Nuestra Señora de Laeken. Fue pintor del Cardenal Infante D. Fernando de Austria y del Archiduque Leopoldo Guillermo. Murió en Bruselas en 1667, después de haber pintado los mejores cuadros de batallas de la Guerra de los Treinta Años. El Prado posee varios relativos al sitio de Breda.

Después de la obra de Snayers las piezas más interesantes para el conocimiento del aspecto de nuestros militares son las que forman una curiosa e impresionante colección de retratos de Generales o Maestres de Campo de los Tercios, que se conserva en el Palacio del Senado de Madrid. Los cuadros, que miden todos aproximadamente 2m. x 1m., proceden de la antigua Colección del Marqués de Salamanca, aunque parece ser que pertenecieron con anterioridad a la Colección de D. Diego Messía de Guzmán, Marqués de Leganés y primo hermano del Conde-Duque de Olivares. Está compuesta por veinticinco militares españoles, un religioso ingeniero militar, dos militares franceses, un militar imperial, un Dux de Venecia, un Dux de Génova y dos Sultanes Turcos. Algunos de los retratados están identificados. José Luis de Mirecki Quintero localizó la testamentaría del Marqués de Leganés en la Biblioteca Nacional de Madrid, es posible que con ella pudieran reconocerse más retratos.

Aparte de todas estas fuentes pintadas tenemos libros curiosísimos, con grabados militares, en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid. En ellos podemos ver la ropa, el equipo de guerra y los movimientos de la instrucción, los campamentos, las fortificaciones y el arte de escuadronar. El vestuario de nuestro soldados aparece representado en las obras más antiguas distinto de los centroeuropeos, y poco a poco, semejante al de ellos. A finales del XVII, en las ilustraciones del Capitán D. Carlos de Esquicia para la Obra de Sebastian Férnandez de Medrano "El perfecto artificial, bombardero y artillero" los españoles ya visten casi igual a los franceses: de uniforme y a la chamberga.


He dejado para el final una fuente rara, poco estudiada y menos conocida: el manuscrito de Iaendricht van Cornelis de Gortter, conservado en Bélgica, en la Biblioteca Albertina. Se trata de un volumen con cincuenta y ocho láminas. De ellas, cincuenta y tres nos muestran soldados de los ejércitos que se encontraban en Flandes alrededor de los años 1578 y 1581 (dos de las láminas tienen escritas esas fechas); la mayor parte de las figuras son del ejército de Orange, pero algunas representan a franceses y aproximadamente siete láminas a españoles. Lo más curioso es que nos muestran la presencia de uniformes, porque la mayoría de los soldados representados están vestidos con una casaca o sobrevesta, que es diferente para cada Compañía. Otra peculiaridad de la obra es la presencia de banderas (dos son españolas). Iaendricht van Cornelis de Gortter utilizó el libro para escribir poesias entre las láminas de los soldados.

©ACMH Alabarda - Junio 2005